Sergio Arau: El visionario incomprendido

No se puede entender el rock nacional sin mencionar a Sergio Arau, un precursor del art-nacó que elevó la cultura popular y lo kitsch a una expresión artística, un pionero del performance, un músico que hizo de lo lúdico y la sátira un sonido molcajeteado, llamado guacarock, con la estética del charrocanrol, y un cineasta que exaltó la vital importancia de la mano de obra mexicana del otro lado del Río Bravo.

Pero este visionario artista no pudo cosechar en el país por sembrar antes de tiempo. La irreverente y ecléctica propuesta musical de El Uyuyuy con la banda Botellita de Jerez fue incomprendida y hasta vilipendiada por los puristas del rock en los incipientes años ochenta, y sus performances ochenteros, así como su obra plástica, terminaron subestimados por el entonces conservador sector cultural. Así que un día, como millones de mexicanos, hizo maleta y decidió probar suerte en el vecino país del norte, en Los Ángeles, donde radica desde 1994 con su esposa y socia cinematográfica, la actriz Yareli Arizmendi.

El hijo del director de cine Alfonso Arau y sobrino del actor Sergio Corona sabe que lo suyo es ser artista desde que deambulaba en los sets durante los rodajes de su padre, desde que tocó en el mítico Festival de Avándaro con el grupo La Ley de Herodes, desde que fue caricaturista en la revista Siempre!, desde que participó en la fundación de los diarios Unomásuno y La Jornada y desde que estudió cine en el CUEC, pues en su información genética ya traía la vena creativa de, como suele definirse, artista multi-indisciplinario.

“Descubrí que soy tan naco que en lugar de ADN tengo ADO”, advirtió en entrevista telefónica desde L.A.

En 2017, el guacarocker lanzó su performance más conocido, fincado en la canción Quiero ser presidente con su grupo Los Heavy Mex, sobre su candidatura independiente a las elecciones de 2018, en las que Andrés Manuel Lopez Obrador se erigió como el primer titular del Ejecutivo elegido de las filas de la izquierda.

“Era para promover el voto. Incluso yo dije: ‘Si llegó a ser presidente, mi primera acción sería renunciar’”, precisó.

A sus 69 años, Arau tiene dos proyectos para cuando el mundo logre abatir la pandemia: un álbum inspirado en la música clásica, “un mix con humor y locuras” y rodar Otro día sin mexicanos. Esta vez es personal, secuela de su ópera prima de 2004, Un día sin mexicanos.

“Terminamos el guión y quedó chingón. La rodaré con Yareli en la primera mitad de 2021.

“Cuando me mudé a Los Ángeles con Yareli yo no hablaba nada de inglés y durante dos años estuve deprimido, hasta que ella me propuso hacer Un día sin mexicanos, y a la película le fue bastante bien, ya que la producción costó un millón 800 mil dólares e ingresó en taquilla más de 30 millones de dólares”, destacó.

NI COOL NI NICE, LO NACO ES CHIDO

En un ejercicio de ping pong periodístico, Sergio Arau participa en un retrato hablado donde cada respuesta describe al ser humano detrás del personaje, en una suerte de charla de diván, a través del cuestionario de Proust, en una conversación diferente con un artista ídem.

— ¿Con qué personaje de la historia te identificas?

— Con Frank Zappa.

— ¿A quién te hubiera gustado conocer?

— A Benito Juárez.

— ¿Qué maestro te hubiera gustado que te diera clases?

— El lingüista y filósofo Noam Chomsky.

— Si no hubieras sido hombre, ¿qué mujer te hubiera gustado ser?

— La científica Marie Curie.

— ¿Si pudieras elegir en quién reencarnar a quién escogerías?

— A John Lennon.

— ¿A quién le pedirías un autógrafo?

— A Frida Kahlo.

— ¿Qué personaje del Mago de Oz serías?

— El león cobarde.

— ¿Qué superpoder te encantaría tener?

— Leer la mente.

— ¿Quiénes son tus héroes en la vida real?

— John Lennon es el principal, pero también la política Rosa Luxemburgo y el escritor Gabriel García Márquez.

— ¿Qué fotografía o imagen nunca colgarías en tu sala?

— Una con el logo del PRI.

— ¿Qué canción ajena te hubiese fascinado dar a conocer?

— Si no te hubieras ido, de Marco Antonio Solís El Buki.

— ¿Qué canción crees que al escucharla varias veces puede ser equivalente a una tortura? 

— Cualquiera de Luis Miguel; incluso me he salido de restaurantes donde recetaban sus canciones.

— ¿Qué canción te genera inevitablemente el deseo de bailar?

— Chan chan, de Buenavista Social Club.

— Si tuvieses libre albedrío y presupuesto ilimitado para armar tu dream team band, ¿a quién reclutarías?

— Jon Lord, de Deep Purple, en el órgano; Kurt Cobain, en la guitarra; Joe Cocker y Juan Gabriel, en las voces, pues son mis ídolos; Sabo Romo, en el bajo y John Bonham, de Led Zeppelin, en la batería.

— ¿Si tuvieras el DeLorean de Volver al Futuro, irías al pasado o al futuro?

— Sin duda alguna iría al futuro, porque el “futuro ya no es lo que antes era”, como dice una copla que hice para la película Hecho en México, de Duncan Bridgeman.

— ¿Ante qué personaje que coincidieras en la calle optarías por cambiar de acera?

— De los vivos, Carlos Salinas de Gortari, y de los muertos, Gustavo Díaz Ordaz.

— ¿Cuál es tu más grande tesoro?

— No lo sé... ponme un ejemplo...

— ...Si California fuera sacudida por un terremoto, ¿qué sería lo primero que sacarías de tu hogar?

— Pues a mi esposa Yareli.

— ¿Cuál es tu mayor extravagancia?

— Tengo una especie de fobia a copiar. Me encantaría inventar algo, eso es mi motor. Por eso cuando pinto un cuadro y me lo comparan, con Botero, por ejemplo, mejor lo guardo y nunca lo exhibo.

— ¿Cuál es tu pasatiempo?

— Ver películas. Me encanta ir al cine, aunque la última vez que fui al cine, éramos como cuatro en una sala de 500 butacas.

— ¿Cuál fue la última película que viste?

— La primera vaca (First cow, de Kelly Reichardt) sobre el nacimiento del Viejo Oeste, muy diferente a las versiones hollywoodenses.

— ¿Qué película marcó tu vida?

— El águila descalza (1971), la primera película de mi papá. La historia de un superhéroe urbano para quien las tachuelas son como la kryptonita para Superman. Con una vestimenta que reunía elementos de la cultura popular, como su camiseta del Necaxa, mallas de luchador, una raída capa de torero y una máscara negra formada por su propia gorra vuelta al revés, era la cachumáscara.

Cuando visité el set para ver el rodaje se me hizo fascinante juntar a los luchadores con gángsters del tipo de Juan Orol. Terminé maravillado por la magia del cine y en cierto modo ahí tuve una epifanía. 

— ¿Quién es el mejor actor del mundo?

— Damián Alcázar, porque no requiere de caracterizarse o disfrazarse para hacer una amplísima gama de personajes, sin perder un ápice de convencimiento histriónico.

— ¿Cuál fue el último libro que leíste?

— Caín, de José Saramago.

— ¿Cuál ha sido tu concierto favorito?

— Uno en la colonia Pensil con Botellita de Jerez en 1986 y el otro lo organizó Pacho, exMaldita Vecindad, llamado Qué tranza con la banda, en una semana de encuentro entre antropólogos y pandilleros, y nosotros cerramos y el lugar explotó.

— ¿Cuál es tu placer culpable en la música?

— Bodas negras, de Julio Jaramillo, porque es como un bolero sangriento en su versión dark, pues no me gustan los boleros tradicionales.

— ¿Qué canciones propias y ajenas describen tu personalidad?

— Propias: Hoy traigo al diablo por dentro (Sergio Arau y Los Mismísimos Ángeles, de 1989) y Viajo sin brújula (Sergio Arau y La Venganza de Moctezuma, 1992). Ajenas: Blackstar, de David Bowie, y El viernes, de León Chávez Teixeiro.

— ¿Qué es lo que menos te gusta de tu aspecto físico?

— Supongo que la lonja.

— ¿Qué hábito ajeno no soportas?

— El consumismo.

— ¿De qué palabra abusas?

— Chance del término crítica.

— ¿Qué platillo comerías antes de ser fusilado?

— Chiles en nogada.

— ¿A qué político le darías un pastelazo?

— Con mucho gusto a Donald Trump.

— Si fueras presidente de México, ¿cuál sería tu gabinete ideal?

— En la Secretaría del Buen Ambiente pondría a un grupo de tecnocumbia; en Cultura estaría un grupo de arte colectivo o punk. El gabinete serían puros cuates, no políticos. 

Varias veces me hicieron propuestas para ser diputado, pero a esos sí los meten a la cárcel si hacen algo malo; en cambio, al presidente no y por eso yo quería ser presidente.

— ¿Cuál es tu máxima favorita?

— Son dos de mi abuelo materno, el papá de Sergio Corona, era poeta estridentista y juez de la Suprema Corte de Justicia en los años treinta: “Una vida honesta no alcanza para hacerse rico” y “México, sobretodo”.

— ¿Qué estarías haciendo si el dinero no importara?

— El art-nacó no es pintar sólo luchadores, lo que hago es tomar la estética callejera y popular para tratar de darle un nivel divino.

— ¿De qué te arrepientes?

— Ahí sí que me arrepiento de que no tuve visión, por ejemplo, con Botellita tendríamos que haber hecho una disquera y un estudio de grabación, pero estábamos demasiado ocupados en tocar.

Me dolió mucho soltar, dejar el original Rockotitlán en 1989. Además (el sello) Rock en tu Idioma nos dio en la madre a Botellita de Jerez, ya habíamos creado, y no sólo nosotros sino también Jaime López o Real de Catorce, un ambiente de un rock honesto y sano, y de repente llegó la industria y nos bailó.

— ¿Cómo se titularía la película de tu vida?

— De Yareli es el crédito y dice: “En qué cabeza cabe...”.

— En la última cena de tu vida, ¿quiénes serían tus 12 hipotéticos invitados?

— Mi familia, con mis hijos y nietos, mi hermano Fernando, los de Molotov, los de Café Tacvba, Ritmo Peligroso y especialmente Piro, el pintor Víctor Hugo Pérez y muchos amigos más, incluido El Cucurrucucú, Armando Vega-Gil .

— Y como tú Judas, ¿quién sería el invitado?

— (Francisco Barrios) El Mastuerzo, pues lo quiero un chingo, pero no lo aguanto mucho tiempo y eso es recíproco.

— ¿Cómo te gustaría morir?

— Me gustaría morir sano. Pero como dice Jim Morrison: “Nadie sale vivo de aquí”.

Lo que sí es que aprovecho la ocasión para reiterar, pues ya estoy bastante viejo, que si por algo caigo muerto en el escenario pido que se corra el rumor de que fue de una sobredosis, de lo que sea, de amor o de carnitas con salsa verde.

— ¿Qué diría tu epitafio?

— Viajó sin brújula.

— ¿Qué opinas de un periodista?

— Yo también fui periodista en mi era de caricaturista, pero de un tiempo para acá, al menos el periodismo de espectáculos, todo se redujo a chisme y marketing, la información lamentablemente se volvió una mercancía.

Por Carlos Meraz