Por Moris Beracha

Irrumpe en 2008, en plena crisis financiera mundial. Un documento, suscrito bajo el pseudónimo de Satoshi Nakamoto, contenía los lineamientos tecnológicos necesarios para desarrollar un sistema, el cual cuenta con las ventajas del efectivo al ser “parcialmente anónimo”, y que además las transacciones sean realizadas de manera directa entre usuarios, usando como único canal Internet.

Doce años después, el concepto de Bitcoin ha ido posicionándose en la mentalidad de los inversionistas, a tal punto que se hace difícil hablar del futuro de las finanzas mundiales sin tomar en cuenta el comportamiento de las criptomonedas. Por algo han sido consideradas como uno de los mejores inventos de la última década. En términos informáticos, posee una “sencilla pero robusta” arquitectura, llamando la atención su concepto de una moneda totalmente “descentralizada”.

Quizá, uno de los pocos inconvenientes es que su valor está basado en un elemento clave: confianza, y eso es algo que ningún agente puede garantizar. Las percepciones cambian de un momento a otro, y ello incide positiva o negativamente en su valoración a futuro.

El concepto de Bitcoin ha penetrado de tal manera el universo de la tecnología al servicio de la economía y las finanzas, que con mayor frecuencia un importante número de personas y empresas de diversa índole comienzan a implementar BlockChain (especie de libro contable en el cual se registran todas las transacciones digitales) para de esta manera adaptar sus procesos en nuevas formas de mercadear productos y servicios.

El Bitcoin, en algunos casos puntuales, ha hecho dudar de la figura de los Bancos Centrales en lo referente a la formulación de la política monetaria. La criptomoneda también ha sido considerada un fenómeno, ya que algunas teorías económicas de vieja data tuvieron que ser reformuladas. Además, ha sido visto como un invisible, pero fuerte competidor, en lo que a inversiones se refiere. Su rentabilidad le ha convertido en uno de los instrumentos financieros con mayor retorno de la inversión en la última década.

Asimismo, el Bitcoin ha ganado con honores su puesto en la lista de las inversiones a largo plazo, situándose como un instrumento de resguardo de valor, a la par del oro, un commodity que ha permanecido a lo largo de la historia y por muchos siglos como el activo más preciado para proteger el valor de las riquezas personales, de una empresa y de los países.

No queda duda que la aparición del Bitcoin y el resto de las criptomonedas ha significado una completa revolución en la política monetaria internacional, y cada vez con mayor frecuencia, muchos países están adaptando sus legislaciones para sumergirse en la era del dinero digital

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Moris Beracha

Experto en Gestión de Activos de Inversión, criptomonedas, private equity, finanzas y economía mundial.

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