“El periodismo musical consiste en gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no sabe hablar para gente que no sabe leer. Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”. Frank Zappa.

Por Carlos Meraz

En alguna charla de un pasado remoto, el locutor, productor y especialista en audio Martín Hernández me dijo: “Todo lo que veas, escuches o leas te va a servir algún día”. Qué cierto, pues en este oficio, como en la vida misma, nunca está de más saber de otras cosas en teoría ajenas al periodismo o hasta en apariencia irreconciliables con la actividad del reportero. Al final de cuentas nunca se sabe y ningún dato extra estorba.

En el ropero de la mente hay cajones que se abren continuamente, pero también está aquel compartimento escondido y casi abandonado que aloja algo que, en un determinado momento, nos puede sacar de un apuro o incluso hasta darnos alguna satisfacción inesperada. Esos tesoros son momentos que en una suerte de déjà vu salen a flote, en el mejor de los casos, cuando se les necesita, como si fuesen una epifanía.

Esa referencia, recuerdo o información nos sirve de tabla de salvación, cuando el agua nos llega al cuello a la siempre apremiante hora de entrega del texto en la redacción, o hasta cuando el oxígeno informativo parece agotado, durante la cotidiana actividad periodística en cualquiera de sus géneros.

Siempre he creído que el factor sorpresa es el mejor aliado del reportero. Una inesperada pregunta planteada de la forma correcta y en el momento adecuado puede detonar más cuestionamientos de ese estilo, y en lugar de acorralar burdamente al entrevistado se le lleva pacientemente al lugar deseado para que se sienta libre, sin saber que ya es la presa que finalmente picó el anzuelo.

Sin excepción, todos tenemos pasiones, sean conocidas o secretas, que al ser correctamente ventiladas en una charla pueden romper la monotonía de entrevistar a alguien, que se presenta, la mayoría de los casos, para únicamente promocionar su última obra o proyecto, y nada más.

La entrevista debiera tener como guía al reportero, aunque a veces uno puede tener la suerte de toparse con alguien dispuesto a hablar de todo y nada en especial. Ese instante de la charla con la comunión e intercambio de ideas, tengan la complicidad de la afinidad o sean abismalmente opuestas, es invaluable en este oficio tan subjetivamente fascinante.

Como también aquellos instantes en que uno, al ver el actuar de ciertos colegas, recibe de pronto quizá la mejor enseñanza periodística: entender lo que uno no debe hacer. Que en sí es el más grande aprendizaje para no perpetuar vicios que se condenan en la teoría en las aulas universitarias y ya en la práctica terminan siendo un deleznable modus operandi.

Como bien dijera Bono, vocalista de la banda irlandesa de rock U2, en el tema Walk On: “Lo que tienes, no pueden negarlo. No pueden venderlo, o comprarlo”. Yo lo llamo congruencia, entre la experiencia conocida ahora bajo el anglicismo background, los principios que uno hereda de la familia y el uso correcto de la información al alcance. Eso nadie te lo puede robar.

Lo que hay que leer.

Imagen de jose.meraz

José Carlos Meraz Díaz


Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México