Por Aarón Cruz Soto 

Hace unos meses nos dejó Ludwig Zeller, un poeta que vivió sus últimos años en Huayapam, Oaxaca, un pueblo de matorrales y cactus, lo conocí todavía cuando era niño, fue la primera imagen que tuve de un poeta, siempre con su amada compañera, la pintora Susana Wald.

Durante mi adolescencia lo seguí viendo en lecturas y eventos literarios en Oaxaca, pero aunque muchas veces me senté al lado de él, nunca entable una amistad o una conversación profunda, había algo en su poesía que me gustaba contemplarla desde fuera. De alguna manera su trabajo literario y pictórico fue uno de los primeros acercamientos a la literatura y al surrealismo.

Su relación con el desierto de Atacama en Chile, con las tierras Huayapam y sus estancias por diversos países hicieron de su poesía inclasificable según algunos académicos, a medio camino de Latinoamérica y Europa.

En cada estancia Zeller escribió: en Chile, Canadá y México. Me llamó la atención una plaquette escrita en Oaxaca llamada: Tejedor Zapoteco, donde plasmó una poesía madura de quien adoptaba una nueva tierra para sus letras.

En realidad la crítica cuando señalaba ese problema de "clasificación" era porque no entendía que escritores como él, son capaces de navegar en distintos desiertos, incluso en los mexicanos. 

Imagen de aaron.cruz

Aaron Cruz


Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México