Espada de Dos Manos
Por Marcelo Fabián Monges / Escritor y periodista
Martes 10 de noviembre de 2020

 

La actitud de Donald Trump ante la derrota electoral que le propinó Joe Biden, es una muestra clara de las profundidades que puede tener en el alma la miseria humana. Alguien puede ser uno de los personajes más ricos del mundo, tener un inodoro de oro, haberse casado forrando las paredes de oro, como lo hizo Donald Trump en uno de sus matrimonios, haber ocupado incluso la Casa Blanca y estar sentado en el Salón Oval, no como visitante, sino como el presidente del país más poderoso del mundo, y todo no eso no lo exime de su miseria humana.

Hay gente, mucha gente, que cree que con los cargos públicos o con determinados títulos vienen de por sí determinadas facultades de decencia, de capacidad, de inteligencia, de consideración con el prójimo, pero no, esto es simplemente un mito. Esto se ha visto particularmente durante esta pandemia mundial, donde ha habido funcionarios de distintos países, incluso líderes mundiales como Donald Trump, completamente irresponsables, sin ser capaces de tomar medidas adecuadas para cuidar a su población, o de funcionarios que han aprovechado para comprar o vender equipos médicos desde distintos gobiernos a sobreprecios insultantes. Podríamos ofrecer de esto cientos de ejemplos. Lamentablemente, un puesto, un cargo, un título, no necesariamente lo vuelven de por sí a alguien probo, decente, sincero, honorable, aunque tal vez debería ser, pero no siempre coincide con la realidad. Es más, muchas veces está muy lejos de ser lo que sucede en la

realidad. Si queremos un ejemplo más cercano ahí están López Obrador y López Gatell, dos personajes que su “manejo de la pandemia” ha estado limitado a mentir permanentemente y a ocultar los muertos. No a evitar las muertes. No a buscar soluciones para el total de la población. No a instruir a los hospitales cómo atender a los enfermos, sino a minimizar la pandemia, a simular que todo va bien, y para eso, sobre todo, tenían que esconder los muertos, porque si no estos les salían por todas partes.

Para el caso, el ejemplo nos sirve para mirar que Donald Trump no es el único, pero volvamos al caso del magnate naranja, que al no poder aceptar su derrota, sacude el árbol, la Casa Blanca, e incluso las instituciones de Estados Unidos, poniendo en riesgo la democracia de ese país, y hasta a paz social, con tal de darle rienda suelta a su ambición incontrolable, a su ego, a su avaricia, a sus ansias de poder, todas estas atributos de la peor miseria humana.

La reflexión va en sentido de cuánto daño es capaz de hacer una sola persona, en primer lugar a otra, u a otras, o a un grupo, o a una familia, pero también a una sociedad, a un país, a sus instituciones o su organización social.

La miseria humana es un concepto vinculado generalmente a la pobreza material. Pero en la pobreza material, aún en la más acérrima, aún donde no hay casi nada, ni zapatos, ni qué comer, puede haber virtud, solidaridad, honor, decencia. Lo vi yo y lo viví en Chiapas, en la Selva Lacandona, cuando fui a hacer el libro sobre el conflicto en 1994. La pobreza que hay en esos lugares de la sierra, en la selva Lacandona, la gente de la Ciudad de México ni se la imagina. Hay frijoles y tortillas con suerte cuando hay, para comer algo el día de hoy, y dentro de tres meses, con suerte hay eso y no ninguna otra cosa, y dentro de seis meses igual. Hay kilómetros de gente descalza en las montañas y para encontrar un médico hay que viajar al menos ocho horas, en distintos transportes, después de conseguir alguno saliendo de la selva. Sin embargo, esa miseria no es interior. Hay muchas actitudes y valores que enaltecen al ser humano en medio de esa miseria material.

La peor miseria humana es la interior, no la material. La peor miseria humana la puede ostentar airadamente alguien como Donald Trump, que teniéndolo todo, prefiere poner en riesgo la paz social, las instituciones de Estados Unidos, la vida de la gente, porque antes que todo está su ambición desmedida. Entre

los atributos de la miseria humana de Trump, encontramos muchos antivalores, como la mentira permanente, la manipulación, la acusación falsa, el desdén por las leyes y las normas sociales, el egoísmo, esgrimido como si el egoísmo fuera una de las máximas virtudes en la vida. En ese sentido, Donald Trump fue el mejor representante de ese uno por ciento que domina al mundo, y que se cree dueño de él, al que no le importa el planeta, ni el futuro de la humanidad, ni el bienestar de la mayoría de la población, les importa ellos, y después están ellos, luego siguen ellos. Lo asombrosos es que hay mucha gente, millones de personas, que no pertenecen a ese uno por ciento que domina el mundo, pero se identifican con la miseria humana de Donald Trump.

En México tenemos al habitante de Palacio Nacional, López Obrador, quien es un hombre al que no le importa lo que ha logrado, no importa para él que ya es presidente, que vive en un Palacio, que tiene una partida secreta abultada como ningún otro presidente tuvo antes. López Obrador es un hombre para el cual, la principal utilidad que le da el poder que tiene, es para vengarse de todos los que ha considerado sus enemigos, como Rosario Robles o Calderón. El poder, el hecho de ser presidente para López Obrador, o de vivir en un Palacio, no le resuelve ninguno de sus complejos básicos, no le quita sus ánimos de venganzas, ni siquiera le ayuda a poder actuar en bien de los demás, de tratar de que los niños con cáncer tengan sus medicamentos, de que las mujeres con cáncer de mama tengan sus medicamentos, no, esas cosas no son importantes para López Obrador, lo que es importante para el presidente de México es ver de dónde saca dinero para perpetuarse en el poder. Ser alguien ninguneando a otros, o a todos, no haciendo buenas obras. Lo de López Obrador es rebajar a todos para poderse sentir superior, si no se sabe perfectamente inferior. Esta miseria humana de López Obrador la transfiere a cada acto de gobierno. Actúa con lo que tiene. Así es el. No tiene otro. No tiene de dónde sacar para ofrecer. Si consideramos ese punto de vista, se entiende que no reconozca el triunfo de Biden, porque se identifica con Trump. Pero se identifica con Trump, no solo en las mentiras del fraude, no solo en sus técnicas políticas, se identifica con el fracaso, pero también en sus miserias humanas. Para López Obrador Trump es un enorme ejemplo a seguir, porque encuentra en el monstruo naranja, como lo llamó una manifestante en NY a Trump, a alguien tan poco decente y tan mañoso como él. Estamos hablando de personajes que aunque en la realidad lo tengan todo, lo que los mueve son sus rencores, resentimientos, egoísmos, y sentimientos más bajos que alguien pueda tener. Los dos son responsables de un pésimo manejo de la pandemia en sus respectivos países, justamente por sus egoísmos, por no pensar en las vidas humanas.

Respecto a la no felicitación de López Obrador a Joe Biden, la pequeñez de López Obrador lo que demuestra es que muy lejos de ser capaz de pensar en su país, en las consecuencias para México, su soberbia es tan inconmensurable como su enanismo, que le hace creer que si no reconoce al nuevo presidente de Estados Unidos, tal vez lo hace menos en algo, tal vez lo empequeñece un poco, como hace todos los días desde sus conferencia mañanera con sus detractores o con quienes lo critican.

Lo cierto es que la miseria humana de hombres que a veces están en la cumbre del poder pero son movidos por los sentimientos más bajos, no por la decencia, no por virtudes cardinales, no por un código moral que los obliga en pensar en su población y en sus ciudadanos, e incluso en toda la humanidad, puede hacer un daño terrible, muchas veces completamente inimaginable para la población.

Seguramente el máximo ejemplo en la historia de la humanidad de este tipo de populistas enfermos llegados al poder, lo constituye Hitler, quien hizo de sus rencores y odios los principales instrumentos de su poder, armando una máquina de guerra sin igual hasta ese momento, y que desató la Segunda Guerra Mundial con unos 70 millones de muertos según se calcula.

Hitler se había propuesto dominar al mundo y hacer una sola raza, pero antes había dado empleos, planes de vivienda, había creado industrias y había sacado a Alemania prácticamente de la inanición. Pero fue vertebrando sus odios, como quien crea un nuevo cuerpo social, hasta llevar a su propio país a una derrota aplastante que daría fin a la guerra en 1945.

Lo cierto es que la humanidad, las sociedades, siguen sin tener mecanismos de defensa válidos, suficientes, que actúen como anticuerpos ante líderes populistas como estos, que de lograr darle rienda suelta a sus sentimientos más profundos terminan llevando a sus pueblos al desastre.

Es un imperativo para la supervivencia humana, que como sociedad, como especie, desarrollemos mecanismos para poder prevenirnos de líderes populistas enfermos como los mencionados. Tal vez una de las claves esté en saber cómo identificarlos desde lejos y a tiempo. Cuáles son sus rasgos más distintivos, y entre ellos está como primero de todos el odio, y después la promesa fácil. Los líderes de este tipo están dispuestos a saltarse todas las reglas. Las leyes son para ellos un obstáculo si contradicen su voluntad. La decencia no es lo de ellos. Este es otro signo vital de esta clase de líderes. Están peleados con la verdad, con el honor, con la hidalguía. Cuando como sociedad veamos líderes de este tipo hay que abrir bien los ojos, tener mucho cuidado, y advertirle a los demás, porque a excepción de los casos donde no pueden, terminan conduciendo a sus sociedades al desastre.

Ahí está como ejemplo en la historia de la humanidad el caso del líder musulmán que  ordenó la quema de la biblioteca de Alejandría, el Califa Omar, y la mano ejecutora sería de su general Amr iban al- As. La humanidad hoy sería completamente distinta si contara con la sabiduría guardada en esa biblioteca..

La humanidad entera debería aprender a saber mirar a esta clase de individuos y aprender a cuidarse mejor de ellos.

Mientras la sociedad se vaya con la promesa fácil, detrás de los políticos que les prometen todo, mientras no sepa mirar conductas, mientras no exija primero decencia y verdad, estos líderes populistas podrán seguir teniendo futuro, y con ello también seguirán teniendo posibilidades los grandes desastres de los que son capaces, y el daño social que pueden hacer.

Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

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Marcelo Fabián Monges

Escritor argentino, nació en la ciudad de Córdoba, 1964. Naturalizado mexicano. Ha colaborado en el Diario Página 12 de Buenos Aires. En México en la revista Mira (de Miguel Ángel Granados Chapa), en los periódicos La Jornada, Reforma y El Universal. Es autor del Proyecto de Convención contra los Golpes de Estado (2009). Es presidente de la Fundación Conciencia y Dignidad. Es autor de los libros: “A los 500 años de la ocupación de América” (1992), prologado por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. “Chiapas cuando la dignidad se levanta y camina” (1995), con prólogo de Osvaldo Bayer (autor de la Patagonia Rebelde). “Un llamado a la humanidad contra el exterminio de la especie” (2002), con reseña de Carlos Monsiváis, libro que comprende un compendio de propuestas en contra del neoliberalismo, el armamentismo y la guerra. “Lucila entre el mar y el fuego”. Novela. (2007) “Cuando Hablo con Vos”. Novela. (2011) “Divina Mar”. Novela. (2012) Trump La Resistencia. Ensayo (2017)

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