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En lo que podría ser su último acto público, antes de cumplir una condena de 12 años por corrupción el expresidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, asistió esta mañana a una misa en honor a su esposa fallecida, Marisa Leticia.

Acompañado de la expresidenta Dilma Rousseff, exministros y la cúpula del Partido de los Trabajadores (PT), Lula de Silva, acudió a la ceremonia religiosa, después de pasar dos noches en la sede del Sindicato de los Metalúrgicos en la ciudad de Sao Bernardo do Campo.

De igual forma, miles de brasileños acudieron a la misa Marisa Leticia, que cumpliría 68 años, y que se oponen al encarcelamiento del expresidente, quien se prevé que se entregará después de la ceremonia y decir algunas palabras.

Por otra parte, el Obispo que ofició la ceremonia aseguró que la memoria del pueblo de Brasil quedara marcada, por la resistencia por la democracia y los derechos, que están viviendo estos días.

Ayer el expresidente no se presentó ante la Policía Federal, como se lo dictaminó el juez Sergio Moro para que se entregara por la acusaciones de lavado de dinero y corrupción.

El exmandatario se atrincheró en el Sindicato de los Metalúrgicos de la ciudad de Sao Bernardo do Campo, donde fue protegido por cientos de simpatizantes. Fuentes cercanas al expresidente dijeron que esto es un desafío a la justicia brasileña debido a que Lula considera que se le quiere dejar fuera de los próximos comicios.

La Policía Federal y la defensa de Da Silva, se encuentran negociando su entrega para que sea de manera voluntaria y así evitar posibles enfrentamientos entre los cuerpos policiales y los simpatizantes del expresidente.

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