Por Aranxa Albarrán Solleiro / Confesiones de turista

Una mujer es más que un cuerpo condenado por su biología

-Marta Lamas

Decidí estudiar la licenciatura en turismo cuando tenía 12 años. ¿Turismo? ¿A qué se dedica uno cuando estudia eso? Me abalanzaba a libros que encontraba en las bibliotecas referentes al origen de los viajes, de la necesidad de establecerse en otro sitio diferente a tu lugar de origen para superarte o hallar una mejor calidad de vida, aunque a momentos parezca utópico. El turismo, me decía entonces, es mucho más que solo instalarse en un hotel o viajar en cualquier medio de transporte y curiosamente, aunque sus principales personajes que desarrollaron a la actividad fueron hombres, por motivos de conquista, de visita a los emperadores y por empaparse la mente para escuchar a filósofos en la antigua Grecia, hoy depende en gran parte por mujeres y afortunadamente, formo parte de ellas.

Herodoto (484-425 a. C) se dice, acostumbraba a viajar a ciudades cercanas para darse cuenta del estilo de vida de los habitantes y su organización política. Se hospedaba en albergues que tenían paja simulando una cama y las mujeres se encargaban de ordenarlas para que los viajeros, llegaran a descansar en un máximo placer a pesar de sus urgencias. Al pasar de los años se convirtieron en hoteles, iniciando en Francia, donde se acuñó el término derivado del latín hospitalis que significa “huésped”. Sin embargo, al tener ciertas adaptaciones modernas y ser espacios de alto interés capitalista, sus costos empezaron a elevarse para ser utilizados únicamente por la nobleza. De tal manera al ser demandados servicios con más delicadeza, las mujeres incursionaban como perfectas candidatas para atender las exigencias de los grandes reyes.

Los hombres por su parte, enfocaban sus habilidades –en su mayoría- a trabajos de fuerza, se dio la creación de los concierges y el área de mantenimiento en donde escasa vez sino es que nula, se admira a alguna mujer trabajando. Derivado de la demanda de empresas de hospedaje, de desplazamientos por motivos laborales o por las vacaciones otorgadas a empleados alrededor del año 1936, se fortalecen las agencias de viajes, iniciadas por Thomas Cook en 1841, inspirado seguramente por las novelas de Stendhal y esos pasajes escritos en Rojo y negro (1830) en donde se admiraba por la belleza de paisajes que a su parecer, minimizaban la catástrofe vivida en el destino que visitaba, producciones del espacio, según Lefebvre.

En nuestro país hoy día, el 60 % de personas que participan en el turismo, son mujeres, siendo más de cinco millones las que integran la cadena de valor. La militarización de la vida cotidiana como lo menciona Fazio, exige que la atención al cliente sea por mujeres, caracterizando la servucción en empresas turísticas. No obstante, la mayoría señala que solo el 25 % tiene posición de liderazgo en cualquier área y esto por el pretexto de no contar –a los ojos de los directivos- de una capacidad intelectual y de toma de decisiones para saber llevar un grupo de trabajadores.

Me remití por tal motivo al relato de Laura, trabajadora de un hotel, junto con ella estaban dos recepcionistas que por reglamento, deben demostrar amabilidad a pesar de lo que se presente, el jefe le prometió ser la jefa del área bajo una condición tormentosa y poco escrupulosa. <<Recibirás más del doble de tu sueldo, bonita, piénsalo.>> Ella invadida de miedo a renunciar por las consecuencias que pudieran ocasionarse, se abrazaba a sus compañeras llorando. Se acercó a la jefa de ama de llaves, le confesó su angustia, decidieron que las quince compañeras a su cargo, harían todo lo posible por defenderla de lo que fuera. Se instaló en la cocina, donde la mesera en turno le ofreció un vaso con agua mientras la chef cocinaba la comida del personal. Al día siguiente, se anunciaba su búsqueda, salió a las cinco después de renunciar y el jefe, no se presentó. El hotel obtiene pérdidas no solo por la noticia, sino por la ausencia de ella, quien siempre fue la que tomaba decisiones en su grupo por su experiencia y quien ya no sonríe más a la hora de recibir a los huéspedes.

Y todavía se cuestiona la capacidad de las que sustentan al turismo. 

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