Por Ricardo Ortiz

Nadie de la opinión pública y del entorno más cercano al presidente López Obrador se llegó a imaginar que la siguiente renuncia viniera de uno de los frentes más importantes del Gobierno federal.

Casi todos le apostaban a que saliera Alfonso Romo u Olga Sánchez Cordero, pero nunca nadie pensó que Carlos Urzúa sería el próximo en abandonar el proyecto de la “Cuarta Transformación” de México. 

Nueve renuncias del gabinete presidencial en 7 meses no son una buena señal para el rumbo político o para la economía mexicana. 

Carlos Urzúa renunció de una manera bastante “a la moderna” subiendo un tweet desde su cuenta personal y anexando una carta que explicaba mucho y determinaba el porqué decidió bajarse del barco: discrepancias en materia económica, decisiones de política pública sin el suficiente sustento, imposiciones de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública y los extremismos que se veían en la política económica de este nuevo Gobierno.

¿Decía la verdad?

El ahora exsecretario de Hacienda le dijo a los opositores y críticos lo que “tal vez” ya sabían, pero querían que saliera de la boca o de las palabras de un interno del Gobierno federal. 

A los fanáticos les pegó de alguna u otra manera esta carta, pero entienden que su apoyo a López Obrador es incondicional aún y cuando las cosas se digan y se estén haciendo mal. 

A los seguidores que están tambaleándose les abre los ojos aún más y los hace entender que ver 9 renuncias importantes en 7 meses de gobierno no es algo que sea normal en cualquier parte del mundo. 

Toda persona que sabe de historia política mexicana se debe acordar de lo que pasó en el Gobierno de Echeverría en mayo de 1973, cuando salió de la SHCP el titular de esa dependencia, Hugo B. Margáin, por discrepancias en el gasto público y la deuda interna/externa de esa época. Es de recordar lo que dijo Luis Echeverría al aceptar la renuncia de Margáin: “La economía ahora se maneja desde Los Pinos”. 

Puso a su amigo del alma y de la infancia: José López Portillo. Alguien que no sabía absolutamente nada de economía o finanzas, pero que fue de mucha confianza para Echeverría. 

Sabemos cual fue el resultado de “manejar” la economía desde Los Pinos a finales de 1976.

Si bien, Hugo B. Margáin se mantuvo en Hacienda de diciembre de 1970 hasta mayo de 1973, y Urzúa sólo estuvo 7 meses a cargo del mismo puesto. 

Los escenarios son distintos, pero hay muchas similitudes en cómo Echeverría manejaba sus políticas públicas y su egolatría, y cómo lo hace AMLO en estos tiempos. Es por eso que utilizo estos eventos, pues me hacen recordar mucho a lo que pasó con Echeverría y lo que está pasando con López Obrador.

En esta vez, el relevo es un subsecretario de Hacienda capaz y preparado eficazmente, pero que se ha visto envuelto en contradichos con el mismo presidente López Obrador: el retraso de la construcción de Dos Bocas y el dinero asignado que se usaría para impulsar la producción en Pemex.

Arturo Herrera llega con un perfil muy importante y se sabe que puede ser un buen secretario de Hacienda, sin embargo, la misma forma de ser de AMLO y su egolatría, lo ponen en aprietos para que él pueda tomar una decisión importante por sí mismo. 

El video en donde es presentado como nuevo secretario de Estado se mostró tenso, con miedo o hasta con inseguridad, pero él mismo declaró en una conferencia de prensa de Hacienda, que le recomendaron algunos funcionarios públicos  “sonreír menos y ser más serio” en los videos o entrevistas.

De cualquier manera, los pronósticos y la forma de ser del presidente, nos hacen ver que el único que tomará una decisión en política económica o pública será el Jefe del Ejecutivo Federal; no el secretario de Hacienda.

¿Desde dónde se manejará la SHCP? ¿Desde el despacho del secretario de Hacienda o desde el despacho del presidente de la República?

¿Estamos volviendo al pasado con una semejanza de lo que pasó en el Gobierno de Luis Echeverría?

Yo pienso que Hacienda se manejará desde el despacho del presidente López Obrador, pero ahí estará Arturo Herrera como un secretario de Estado que es de facto o parecido a un florero.

Todos los días, nuestro presidente nos hace recordar que Echeverría y López Portillo siguen incrustados en Palacio Nacional.

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Ricardo Ortiz Esquivel

Opiniones de política internacional y mexicana.

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