Por Gerson Gómez Salas

Te lo juro. En los saunas del Club se corrió la voz. Tengan cuidado. Los malitos están haciendo de las suyas. No está de más tomar todas las previsiones del mundo. Eso incluye al servicio doméstico.

Aleccionarles. El patrón no se encuentra. Está de viaje. No sabeos cuando vuelve. Yo le tomo el recado. Se lo hago llegar a su regreso. Él se comunicara con ustedes en breve.

La moda de vaciar las residencias. De ir directo sobre las cajas fuertes es nada. Los atentados van directo a las personas honradas. Guardar en los espacios de la recamara ya no es garantía.

Si te pones en la muñeca el Rolex corres el peligro de asalto. Y te lo comento con toda la discreción del tema. Están comiendo el mandado de los policías y de los investigadores.

¿Te acuerdas como llegaron las bandas de chilangos, de venezolanos, de argentinos y de brasileños a San Pedro?

Ofrecieron ropa de primera línea en los estacionamientos de los centros comerciales. Muchos cayeron en el embrujo de la codicia. Vender lociones por debajo del precio de Laredo en el dutyfree. 

Eso no existe. Tal vez cayeron en la trampa algunos de los socios de nuevo ingreso. Quienes usamos la tarjeta, el efectivo es lo menos importante de la vida. 

En los estados de cuenta puedes saber cuánto has gastado. Como andas en el flujo de las inversiones. Nunca falla la labor del contador. Desde la firma de la carta responsiva en caso de malversación de fondos. 

Jamás revelarán de donde vienen los recursos. Mucho menos a donde van. Vivir en la libertad del pensamiento y de la liquidez al momento. Por encima de las casas bursátiles o de Wallstreet.

Sin mencionar las carpetas en las islas caimán. Con el correr de los rumores. La advertencia. Con cuidado con sus pertenencias. Ya no se atreven a irrumpir y llevarse los automóviles.

Van sobre seguro. Con lo más sencillo de empeñar. En todo el valle de Texas existen Pawn Shop. Los chicanos dejan en consigna sus celulares. Los instrumentos musicales y hasta los juguetes de los morritos.

Poco de ingenio hace falta. Solo tener el ejemplar en físico. Nada de simulación. Borrar el número de serie y listo. Todo un mercado de consumidores en Chicago, en Florida y en Nueva York. 

Los pagos son de contado. Movimientos en caliente y al sabor de la necesidad de los inversionistas. 

Una rama de los mugrosos desarrolló el sistema eficiente. Primero saben diferencia de un pirata del original. Le dan seguimiento a las rutinas del poseedor. Llevan la agenda de manera puntual. Desde la salida en el hogar hasta la posibilidad de encontrarse con la sexo servidora del steak house de tanta visita cotidiana.

Comisionan a varios motoristas. De las italikas para andar detrás de ti como si fueran cobradores de las tiendas de autoservicios o de las compañías bancarias recuperando la cartera vencida.

Dan el zarpazo cuando menos lo esperas. A mi compadre lo apañaron en las gorditas de Doña Tota. Se fueron directos al asunto. Mientras cargaba su carro hybrido, lo abordaron.

Nos das tu reloj o aquí mismo ya te cargó el payaso. Se quedó en la pendeja. Así se lo quitó. Los cabrones venían en una motoneta. Así se fueron quemando llanta por todo Gómez Morín.

Agarraron hacia Monterrey. Desde ahí el mercado negro mueve todo lo recaudado. Se van en plataformas y en caravana. Nada se pierde en el camino.

Deberíamos de aprender de ellos. No la cagamos y permanecemos con paz. Sin sobresaltos. A eso nos han acostumbrado. De pagar seguro por los relojes.  Los hijos de su pinche madre.

Importante: Este contenido está redactado en sentido literario y es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

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Gerson Gómez

Crónicas gonzo desde la ciudad aromática a barbarie, a cabrito, carne asada y a cerveza.

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