La Mirada de Amelia Palomino en el Paraíso

Foto: ESPECIAL

Por Gerson Gómez

“MIRADAS OBLICUAS”, DE ÓSCAR ALARCÓN Y LUIS J. L. CHIGO
Sálvese quien pueda. Los autores lo saben.

En los conteos regresivos a un nuevo Apocalipsis, la literatura vuelve a ser el refugio común de nuestra especie. En esta tierra arrasada y enferma nos quedará la voz de algunas búsquedas, las ruinas de una nota en un teléfono, una imagen flotando en el espacio digital. En este contexto, el dúo dinámico formado por Óscar Alarcón y Luis J. L. Chigo patrulla el país para devolvernos las conversaciones necesarias con creadores y creadoras que nos entreguen una guía a sus laberintos literarios y artísticos para reencontrarnos como humanos.

Con una pasión sabrosa por la charla profunda, inquisitiva y empática, Miradas Oblicuas registra las voces de Fernanda Melchor, Gabriela Cabezón Cámara, Alejandro Zambra o Tryno Maldonado, junto a un retablo de narradores, poetas y ensayistas que se distinguen por sus visiones críticas de la literatura, la lengua, la imagen, el espacio y el arte. Porque quizá eso sea lo que quede: una playlist literaria de quienes extienden nuestra comprensión del mundo, una cápsula de voces conservadas bajo las ruinas de un estadio futbolero y un local de tacos árabes.

“PARAÍSO DIFÍCIL DE ROER”, DE JOSÉ JUAN ABOYTIA
Ganadora del Premio Chihuahua en literatura, esta novela cuenta de manera polifónica y con variados recursos narrativos que incluyen el humor negro, los juegos verbales y la sátira de largo aliento, los esfuerzos de un grupo de personas comunes por escapar de una vida secuestrada por el crimen organizado, o por adaptarse a ella. Una sociedad asfixiada por el autoritarismo y sus secuelas: el machismo, el fanatismo religioso, el infantilismo, que no sólo la muestran poco preparada para repeler el dominio del crimen, sino como un caldo de cultivo propicio para que crezca.

“AMELIA PALOMINO, UN CRIMEN DE ROSTRO AMABLE”, DE ANA MARÍA MAQUEO
Sin embonar en el prototipo de una femme fatale, la protagonista Amelia Palomino igual está lejos de ser una víctima pasiva. Viuda, aún joven y hermosa, administra una cuantiosa herencia familiar en la ciudad de Veracruz, hasta que pierde la vida tras un atraco.

Con la investigación de este nuevo crimen, y de la mano del entrañable detective de la policía Roberto Alatorre, Ana María Maqueo no quitó el dedo de la llaga y retrató un México abatido por el terremoto de 1985, las crisis económicas, el contrabando, e inoculado con el virus temprano del narcotráfico. Insistió en su crítica hacia las grandes instituciones nacionales como el priísmo y sus políticos, la policía, la familia, la clase privilegiada; y sus usos y costumbres, como el caciquismo, la relación entre el poder y el crimen, las apariencias, la subyugación de la mujer y la belleza como moneda de cambio y herramienta de poder.

“MIGRAR BORDES”, DE JOSÉ LUIS PRADO
En Migrar bordes existe un pabellón, un cuaderno de notas, apostillas, cajas de resonancia, recetas médicas y fotografías, elementos que forman parte de la identidad de K., un simulacro de sí mismo, un Kubo Shunman, un Chuang-Tzu, el reflejo en el espejo de un doppelgänger que se reconoce en la crisis del pensamiento que al cuestionar su presencia desarma a su “doble” para construir, adaptar, plagiar un personaje, una historia, una vida.

Con frases próximas al aforismo, José Luis Prado reflexiona sobre el acto de escritura y del proceso de reescritura, al tiempo de articular las obsesiones de alguien que observa el mundo para reinterpretarlo desde una sensación.

Migrar bordes es un laberinto que se difumina desde su periferia, desde sus posibilidades de interpretación.

 

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