Por Alejandro Ávila Peña
La magia siempre ha sido un elemento recurrente para contar historias emocionantes y míticas dentro de la cultura popular; desde tiempos remotos, este recurso ha servido para crear una atmósfera de fábula ancestral en algunos relatos y, a su vez, establecer antecedentes de ciertas culturas, civilizaciones y demás. En el cine han existido una diversidad de historias que han tenido como protagonista este recurso; siendo quizás una de las más conocidas la historia del mago más famoso del mundo, ‘Harry Potter’. Pero es de mencionar que, dentro del género, una de las cintas que ha tenido una reputación sólida y se ha enmarcado como un clásico de los noventa es la célebre ‘Hechizo de Amor’, película protagonizada por Sandra Bullock y Nicole Kidman, quienes encarnan a las hermanas hechiceras Sally y Gillian Owens.
Una historia que nace de la literatura
La historia del clan Owens se remonta tres años antes del estreno de la cinta, en las páginas de una obra literaria de nombre ‘Magia Práctica’, publicada en 1995 y escrita por la autora Alice Hoffman. La escritora continuó expandiendo este universo con distintas historias y, en 2021, publicó ‘The Book of Magic’, novela que sirve como una de las bases para esta nueva entrega cinematográfica, titulada ‘Hechizo de Amor: La magia continúa’.
La primera película destacó por mostrar una historia cargada de drama, momentos absurdos y elementos mágicos mezclados con romance, una combinación que hizo que la cinta se convirtiera con el paso de los años en uno de los clásicos más queridos por un sector del público. La historia mostraba a las hermanas Owens, unas brujas que sufrían una maldición: todo aquel a quien una mujer de su familia llegara a amar terminaría muriendo.
Es así que esta secuela parte de lo planteado en la primera película y expande el conflicto hacia una nueva generación, enfocándose principalmente en Kylie (Joey King), una de las hijas de Sally. A partir de que el novio de la joven, Gideon (Xolo Maridueña), entra en una especie de coma luego de que ella le confesara su amor, Kylie emprenderá un viaje para romper la maldición, enfrentándose así a dilemas personales, a su propia identidad y a fuerzas que amenazan con destruir a su familia.
Una atmósfera que sí conserva la magia
La melancolía que hay en cada una de las imágenes presentadas es uno de los aciertos que hacen que la película brille; la atmósfera de estar viendo una historia de brujas y rituales se siente en cada uno de los espacios. Una mansión solemne, libros malditos, conjuros, objetos antiguos y escenarios que parecen sacados de un cuento de hadas oscuro consiguen recuperar parte de esa identidad visual que convirtió a la primera entrega en una cinta tan particular.
El problema es que esta sensación no logra trasladarse a la narrativa. La película tiene los elementos necesarios para construir una aventura de magia encantadora, pero no encuentra una estructura capaz de sostenerlos. Con un montaje deficiente, una edición que por momentos entorpece el ritmo y chistes que parecen extenderse más de lo necesario hasta caer en lo ridículo, esta secuela no consigue explotar la idea principal de la cual parte.
Y es que uno de los grandes problemas de ‘Hechizo de Amor: La magia continúa’ es que parece no tener claro qué clase de película quiere ser. Por momentos funciona como una aventura fantástica; en otros intenta recuperar la comedia romántica del filme de 1998 y, cuando busca profundizar en temas como la soledad, la pérdida, la depresión o los patrones familiares, termina recurriendo a diálogos demasiado explicativos que reducen ideas interesantes a frases hechas.
La cinta también carga con el peso inevitable de la nostalgia. El regreso de Sandra Bullock y Nicole Kidman es, probablemente, el principal motivo por el cual esta historia existe y también uno de sus mayores atractivos. La química entre ambas permanece y hay momentos en los que basta con verlas compartir pantalla para recordar por qué sus personajes se convirtieron en parte del imaginario popular. Sin embargo, la película confunde en varias ocasiones esa nostalgia con una verdadera razón narrativa para regresar a este universo.
El problema de repetir la fórmula
Si bien el filme intenta diseccionar más sobre el maleficio de amar a alguien, la dirección no logra aterrizar esto en ningún momento. La maldición tenía en la primera película una función mucho más interesante: era una extensión de los miedos, la violencia, la culpa y los demonios familiares que cargaban las protagonistas. En esta ocasión, el concepto parece estar ahí principalmente como mecanismo para poner en movimiento la aventura.
A esto se suma un desempeño actoral irregular. Kidman y Bullock se sienten perdidas en algunos momentos de sus respectivos roles; jamás logran desprender por completo esa magia vista en el clásico del 98, aunque cuando ambas interactúan aparece nuevamente una chispa que recuerda el encanto de aquellas hermanas. En contraste, el talento joven conformado por Joey King, Maisie Williams y Xolo Maridueña no siempre consigue transmitir la emoción necesaria para que sus personajes generen un interés genuino.
El caso de Williams resulta particularmente desafortunado, pues su personaje queda relegado durante buena parte de la historia, mientras que Maridueña pasa gran parte del metraje en una situación que limita las posibilidades de su interpretación. Joey King tiene una mayor presencia, pero su personaje carga con buena parte del peso narrativo sin que el guion le proporcione suficientes herramientas para construir una evolución realmente convincente.
También resulta extraño que algunos de los personajes que fueron importantes para construir el encanto del universo Owens tengan una participación mucho más reducida. Las tías Frances y Jet, interpretadas nuevamente por Stockard Channing y Dianne Wiest, son parte fundamental de la identidad de la franquicia, pero la cinta no aprovecha todo lo que podrían aportar. En una historia que intenta hablar sobre la herencia familiar y las distintas generaciones de mujeres, su presencia pudo haber servido para conectar de manera mucho más orgánica el pasado con el presente.
Una secuela que pierde su propio encanto
El misticismo que hay detrás del universo de hechicería se siente en cada momento; desde los conjuros, los libros malditos y los rituales, existe una sensación genuina de estar viendo un cuento de brujas. Pero es acá donde la película encuentra uno de sus fallos más importantes.
Si en la primera cinta se utilizaba la magia como una extensión para hablar de conflictos relacionados con la violencia, la culpa y los demonios familiares dentro de una historia profunda con matices sombríos, para esta secuela la dirección es muy diferente, optando por llevar la narrativa hacia un estilo más aventurero y una estructura convencional. Esto no tendría por qué ser un problema, pero cuando intenta recuperar las complejidades de la primera película es cuando la propuesta comienza a perderse.
La cinta funciona mejor cuando se propone explorar sus nuevos discursos: aventura, magia, familia y una estructura más sencilla, pero encantadora. Sin embargo, se entorpece a sí misma cuando intenta recuperar todos los elementos del pasado y equilibrar romance, comedia, drama, nostalgia y fantasía. El resultado termina siendo una diversidad de historias que conviven dentro de una misma película sin que ninguna logre imponerse realmente.
A esto se suma una selección musical que en distintos momentos se siente más preocupada por generar una reacción inmediata del espectador que por acompañar verdaderamente la escena. El uso de canciones actuales puede resultar atractivo para ciertos sectores del público, pero cuando una pieza parece estar ahí únicamente para provocar reconocimiento o emoción en el fanático de determinado artista, termina rompiendo la atmósfera que la película había construido.
‘Hechizo de Amor: La magia continúa’ tiene momentos donde consigue recuperar esa sensación de estar frente a un cuento de brujas; hay escenarios, personajes y una química entre sus protagonistas que todavía poseen suficiente fuerza para sostener el universo. El problema es que la película nunca encuentra una historia a la altura de esos elementos.
La secuela demuestra que todavía existe magia alrededor de las hermanas Owens, pero también que la nostalgia, por sí sola, no es suficiente para construir una buena historia. Después de casi tres décadas, el mayor reto no era solamente regresar a este mundo, sino encontrar una razón para hacerlo. Y ahí es donde la cinta termina fallando: tiene los ingredientes, tiene a sus protagonistas y tiene un universo con posibilidades, pero no consigue convertirlos en algo verdaderamente memorable.
Añadir Diario De México como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
