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Reseña | ‘Verity: La sombra del engaño’: ¿Qué es verdad y qué es mentira en la película de Anne Hathaway y Dakota Johnson?

Escena

Dakota Johnson y Anne Hathaway protagonizan ‘Verity: La sombra del engaño’, un thriller psicológico dirigido por Michael Showalter. La cinta explora los límites entre el deseo y la obsesión dentro de una casa llena de oscuros secretos

'Verity La Sombra del engaño' llega esta semana a cines. Foto: Amazon MGM Studios
'Verity La Sombra del engaño' llega esta semana a cines. Foto: Amazon MGM Studios

Por Alejandro Ávila Peña

Dakota Johnson y Anne Hathaway comparten pantalla en ‘Verity: La sombra del engaño’, la nueva adaptación cinematográfica de una de las novelas más oscuras y controvertidas de Colleen Hoover. Bajo la dirección de Michael Showalter, la película se mueve entre el thriller psicológico, el melodrama romántico y una atmósfera de terror gótico que convierte la casa de los Crawford en el verdadero corazón de la historia.

Una casa construida sobre secretos

La historia sigue a Lowen Ashleigh (Dakota Johnson), una escritora con dificultades económicas que recibe la oportunidad de terminar la exitosa serie literaria de Verity Crawford (Anne Hathaway), una autora que ha quedado incapacitada después de un accidente. Para completar el trabajo, Lowen se instala en la residencia de los Crawford, donde convivirá con Jeremy (Josh Hartnett), esposo de Verity, y comenzará a revisar los archivos de la escritora.

Entre manuscritos, recuerdos y secretos familiares, Lowen encuentra un perturbador documento que podría cambiar por completo la percepción que tiene sobre Verity y sobre la tragedia que ha marcado a la familia. A partir de ahí, la película construye su misterio alrededor de una pregunta sencilla, pero efectiva: ¿qué parte de lo que estamos viendo es verdad y qué parte pertenece a una historia cuidadosamente fabricada?

Showalter entiende que el principal atractivo del material está en mantener al espectador dentro de esa incertidumbre. La casa funciona como un laberinto emocional: cada habitación parece esconder una historia y cada objeto puede convertirse en una pista. La fotografía aprovecha los espacios amplios, los silencios y la oscuridad para construir una sensación de aislamiento constante. Hay algo deliberadamente gótico en la propuesta, cercana por momentos a esas historias de mansiones donde la amenaza nunca aparece completamente frente a la cámara, pero siempre parece estar presente.

Entre el deseo y la sospecha

Uno de los elementos más interesantes de ‘Verity: La sombra del engaño’ es su incapacidad, o decisión, de permanecer dentro de un solo género. La película comienza como un misterio doméstico, se transforma en thriller psicológico y después deja que el melodrama romántico ocupe una parte importante de la narración. Esa combinación puede resultar estimulante, pero también provoca que la tensión pierda fuerza cada vez que la historia se concentra demasiado en la relación entre Lowen y Jeremy.

La película encuentra su mejor versión cuando explora la paranoia de Lowen y la posibilidad de que la realidad dentro de la casa sea distinta a lo que aparenta. En esos momentos, Showalter utiliza los silencios, las miradas y los espacios cerrados para generar una tensión más efectiva que la de varios de sus sobresaltos. La historia juega constantemente con la posibilidad de que Verity sea víctima, manipuladora o ambas cosas al mismo tiempo.

Ahí aparece uno de los temas más atractivos de la película: la relación entre la escritura y la verdad. Verity es una autora capaz de convertir experiencias personales en ficción, mientras Lowen intenta reconstruir su mundo a partir de textos cuya autenticidad desconoce. La película plantea así que contar una historia también significa decidir qué ocultar, qué exagerar y qué convertir en verdad. El problema es que, conforme avanza el relato, algunas de esas ambigüedades terminan dependiendo más de la sorpresa que de una construcción dramática sólida.

Un duelo actoral

Las actuaciones son uno de los principales atractivos. Dakota Johnson interpreta a Lowen desde una contención que funciona especialmente bien durante la primera mitad. Su personaje no necesita reaccionar de manera exagerada para transmitir miedo; basta con observar cómo comienza a sentirse incómoda dentro de una casa donde todo parece tener un significado oculto. Conforme descubre nuevos elementos, la actriz permite que la vulnerabilidad de Lowen se transforme poco a poco en determinación.

Anne Hathaway, por su parte, encuentra en Verity un personaje que le permite jugar con distintas capas de fragilidad, perversidad y misterio. Aunque permanece físicamente limitada durante buena parte de la película, su presencia domina cada escena. Su mirada, sus gestos y posteriormente su voz convierten a Verity en una figura imposible de descifrar por completo. Hathaway entiende además el componente excesivo del material y, en determinados momentos, se permite abrazar una teatralidad que termina siendo parte del atractivo de la película.

Josh Hartnett completa el triángulo central como Jeremy, un personaje que funciona como vínculo entre las dos mujeres. Su actuación contenida contrasta con los extremos emocionales de Johnson y Hathaway, aunque el guion no siempre le ofrece suficientes herramientas para convertirlo en algo más que el objeto alrededor del cual se construyen las tensiones de ambas.

El resultado es un reparto consciente de estar dentro de una historia deliberadamente exagerada. La película se acerca por momentos al thriller erótico, al melodrama de sobremesa y al misterio gótico, y precisamente esa mezcla le permite tener una personalidad particular. También explica algunas de sus irregularidades: cuando abraza su naturaleza excesiva, resulta entretenida; cuando intenta que todos sus giros funcionen bajo una lógica estrictamente realista, las costuras comienzan a notarse.

Un misterio que pierde fuerza

‘Verity: La sombra del engaño’ resulta intrigante porque sabe administrar la información y porque constantemente invita al espectador a cambiar de opinión sobre sus personajes. Sin embargo, su principal debilidad aparece cuando llega el momento de resolver aquello que ha construido. La película introduce una revelación final que busca modificar el significado de lo ocurrido, pero el giro no cuenta con suficientes elementos previos para alcanzar todo el impacto que pretende.

Es ahí donde el thriller pierde parte de la fuerza acumulada. Una buena historia de misterio puede engañar al espectador, pero necesita que, una vez conocida la verdad, las piezas anteriores adquieran un nuevo significado. Aquí, en cambio, algunas respuestas parecen colocadas para provocar sorpresa antes que para cerrar orgánicamente las preguntas planteadas. La ambigüedad, que durante buena parte del metraje funciona como virtud, termina convirtiéndose en una salida demasiado conveniente.

Aun así, la película encuentra suficientes momentos de tensión para resultar entretenida. No pretende ser un thriller psicológico de enorme profundidad, sino una historia de secretos, deseo, obsesión y mentiras narrada con una estética elegante y una evidente inclinación hacia el exceso melodramático. Su mayor virtud está en ese juego permanente entre lo que creemos estar viendo y aquello que podría estar sucediendo detrás de la mirada de sus personajes.

‘Verity: La sombra del engaño’ es, finalmente, una película sobre la dificultad de distinguir entre una verdad y una historia bien contada. Su casa está llena de silencios, sus personajes están construidos a partir de secretos y su narrativa intenta convencer al espectador de que cualquier versión de los hechos puede ser cierta si está suficientemente bien escrita. El problema es que, cuando llega la hora de demostrarlo, la película descubre que una buena mentira también necesita dejar pistas para convertirse en una verdad cinematográfica.

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Alejandro Ávila