Son bastante interesantes y confusos los cambios en política exterior de México, estábamos acostumbrados a la intervención, a ser una potencia regional en política exterior, buscar nuevos matices, hacer frente a la democracia en los pueblos, ser actor de conflictos regionales e internacionales, etc. Pero todo cambio de gobierno conlleva una nueva ideología y forma de pensar, cada presidente y canciller traen consigo sus códigos, ideologías y la forma en cómo quieren que se hagan las cosas. 

Andrés Manuel López Obrador ha sido aconsejado por Marcelo Ebrard y a la vez, tienen ideologías que van a la par de lo que han sido sus gobiernos en la CDMX. 

La nueva política exterior de nuestro país va a la par con la austeridad, la 4T, cero corrupción, el respeto a los derechos humanos y con un enfoque bastante obradorista; pero especialmente lleva un enfoque a lo que fue la Doctrina Estrada. Dicha doctrina fue establecida en 1930 durante la presidencia de Pascual Ortiz Rubio, la cual se manifestaba en contra de que los países decidieran si un gobierno es legitimo o ilegitimo, especialmente si este provenía de un movimiento revolucionario.  Igualmente estaba en contra de la Doctrina Tobar y del intervencionismo. Todo este movimiento se dió especialmente en Sudamerica, valga la redundancia. 

La Doctrina Estrada ha sido utilizada a lo largo de los años, pero de manera especifica para ciertas situaciones: cuando México rechazó la expulsión de Cuba de la OEA, porque Estados Unidos estaba en contra del gobierno comunista de Castro.

En el 70, cuando México no reconoció los golpes de Estado en los países sudamericanos.

Como lo dije anteriormente, se ha utilizado y se seguirá utilizando en distintas facetas, sólo que en algunas será parcial y en otras en casos muy particulares. Un claro ejemplo de su interrupción fue cuando el Gobierno de Vicente Fox criticó el Golpe de Estado de Hugo Chavez en el 2002, al igual cuando se suscitó el golpe de Estado en Honduras en 2009  contra Manuel Zelaya, esto durante el Gobierno de Felipe Calderón. 

Marcelo Ebrard, nuevo Secretario de Relaciones Exteriores, quiere usar esta doctrina y hacerla el nuevo estandarte de la política exterior de México, se enfocará en el principio de la no intervención, la cual según sus palabras, no será una actitud de pasividad y siempre estará enfocada al respeto de los derechos humanos. 

La pasividad puede traer cambios para bien o para mal(según la persona), pero con esto, México pierde terreno en Latinoamérica y en el mundo. 

El no haber firmado la declaración del Grupo de Lima sobre Venezuela es un ejemplo de lo que es la Doctrina Estrada, y seguiremos viendo casos similares en la administración de AMLO.

Me llama mucho la atención que se hable de los derechos humanos, pero en realidad, ciertamente nos falta mucho por hacer en dicha materia. En nuestro propio país los derechos humanos no sabemos ni para qué sirven.

El Servicio Exterior Mexicano y los diplomáticos mexicanos deberán acatar las ordenes del nuevo modelo de política exterior. Será un reto para nuestros representantes en el extranjero, sin duda alguna. 

La Doctrina Ebrardista podría ser una utopía, un modelo que se quiere implementar, pero en pleno siglo XXI y como se dan las cosas en los procesos globales y política mundial, no sabemos si sea lo mejor para México. 

 

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Ricardo Ortiz Esquivel

Opiniones de política internacional y mexicana.

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