Por Omar González

"Para disfrutar en verdad de un perro, no se debe tratar de entrenarlo para que sea semihumano. El punto es abrirse uno a la posibilidad de ser más perro". (Eduard Hoagland) 

 

Quiero a Manchas. Siento un gran cariño por ella, pero estoy sumamente consciente de que es una perra. Nunca me ha entrado la necedad de obligarla a que se comporte como un humano. Tengo claro que su espacio, forma de vivir y esencia es la de una mascota.  

Por eso la respeto como lo que es... una perra. Habrá quienes digan “no seas feo... ¿por qué le llamas así? Perra, es despectivo”. Y yo les pregunto: Entonces, ¿qué es?  

Todas las mañanas sacó a Manchas a pasear y a relajar sus esfínteres -claro, siempre recojo sus cacas-, en el trayecto es común que me encuentre a otras personas felices caminando con sus canes. No falta quien me pregunte si mi perra “¿es niño o niña?”. La respuesta que les doy no es muy placentera para sus oídos: “es hembra”. Como si pareciera que les haya mentado la madre, los “padres” de esos perros se siguen de largo, tal vez pensando que soy un gran hijo del averno y que maltrato a mi... perra. 

Como este caso, varios. El de un amigo que habla maravillas de su perro. “El Patas cuida bien chido la casa”, “El Patas ya sabe hacer del baño fuera de la casa”, toda su plática rondaba en torno a las proezas de “El Patas”, hasta que un día le pregunte: “Oye, ¿cómo le fue al Patas en la escuela? ¿Ya te dijo papá por primera vez?”. Obviamente, “El Patas” ya no es tema. 

O podemos ser veganos, protectores del reino animal y amantes indiscutibles de todos los seres vivos de este planeta, excepto de los humanos, se nos da –muy respetable- por asignarles características de personas a nuestras mascotas. Los llamamos “hijos” o “hermanos”, los besamos en la boca –mejor dicho, hocico- y, muchos de nosotros, les damos de comer alimento que incluye, adivinen qué... ¡carne! ¿Será incongruente? 

Y qué me dicen de los perritos con tenis para que no se ensucien sus cuatro patitas, o bien, a los que llevamos a pasear en... carreola; a los que les creamos su cuenta de Facebook –como Pérez, protagonista de mi texto anterior-, festejamos sus cumpleaños con pastel y “amiguitos”. 

Entiendo que la tolerancia es una de las bases para que exista armonía en la sociedad, pero este valor en este tema es rebasado por el sentimiento, incluso, al grado de fanatismo. Para los amantes de los perros es casi obligatorio que seas empático con ellos. Tienes que soportar que cuando vas a un parque con tus hijos, el animalito también “disfrute” de los juegos que están en el lugar. A sus amos les parece natural, subir a su perro a las resbaladillas y columpios, donde los niños también se suben. No se te ocurra comentarles que te desagrada porque la respuesta es agresiva.  

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No es idea mía, esto dicen los expertos 

En un artículo publicado por el portal del Sol de San Luis, el pasado 28 de agosto, la fundadora de la Estancia para el Perro Abandonado Santa Martha, Margarita Pizzuto, señala que es ilógico tratar a estos animales como humanos ya que ellos deben ser respetados como especie: “los perros deben ser respetados como perros, los humanos como humanos”. 

De igual forma, especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se han pronunciado en reiteradas ocasiones en el sentido de que el dueño de un perro que insiste en vestirlo, llamarlo “mi bebé”, “mi hijo” y publicar fotografías de la mascota en redes sociales, muestra síntomas de un desorden mental. 

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Respirando sus lindas heces 

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en la Ciudad de México hay un millón 200 mil perros que no tienen hogar, los cuales generan alrededor de media tonelada de heces fecales que cuando se desintegran, sus partículas se las lleva el viento. Los residuos se convierten en un foco de salud que pueden generar enfermedades como el cólera, gastroenteritis viral o bacteriana. Pero esta cifra no considera a los perros de dueños cochinos, que podrán presumir amarlos hasta la muerte y no son capaces de recoger las cacas que dejan por la calle. 

Vivo en la colonia Del Valle, en la zona no hay perros callejeros, todos son de casa y es vergonzoso ver que a diario las banquetas están decoradas con excrementos de todos tamaños y consistencias. Para muestra este video: 

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Aplausos “al don” que se resistió a las amenazas 

El pequeño parque Gabilondo Soler “Cri-Cri, ubicado en Pestalozzi 1039, colonia Del Valle, ya había sido “secuestrado” por un grupo de personas que soltaban a sus perros de todas razas y tamaños a correr a su antojo en el reducido espacio de recreación familiar.  

Mientras los amos charlaban amenamente las nuevas buenas de sus “perrihijos”, los canes se daban vuelo en las zonas donde algunos niños intentaban jugar. También, los animalitos evacuaban y algunos de sus dueños seguían platicando y no levantaban el excremento.  

Algunos de los perros les ladraban a los infantes y desde unos metros de distancia los dueños gritaban: “No hace nada, sólo quiere jugar, no debes de tener miedo porque lo huelen”. Como se lo cité, para ellos todos tenemos que entender al perro, pero ¿quién le quita el susto a un niño cuando un pastor alemán corre hacia él y le ladra? 

El parque tiene un reglamento muy claro que, en su primer punto, dice: “No permitas que tus mascotas se acerquen al área de juegos infantiles”, dicha indicación, los amantes perrunos, se la pasaban por el arco del triunfo. 

Hace unos meses, el encargado de dar mantenimiento al lugar, un señor bajito y como de 67 años de edad, me platicó que ya estaba cansado y molesto de tener que recordarles a los dueños de perros el reglamento. Además de recoger a diario cacas en el piso, matorrales y en bolsitas depositadas en los botes de basura. 

El señor narró que un día un vecino que vive en un edificio de departamentos aledaño al parque, “tutor” de un perro raza Golden retriever, lo agredió al recibir una recomendación de recogiera las heces y, no sólo eso, también lo amenazó de muerte. Este “macho alfa” no fue el único que lanzó advertencias al cuidador del espacio público. También describió a una mujer “brazos tatuados y de lentes” que le dijo: “Mire pinche viejito, conozco a uno de su edad que por una lana puede venir con un bate a partirle la madre”. 

Tras esta serie de amenazas, el trabajador decidió levantar una denuncia. En días pasados fui con mi hijo al parque. Ya estando en el lugar, algo faltaba. Segundos después me encontré con leyendas en el piso y en las paredes: “No es área de perros”.  Un aplauso “al don”. 

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Quiero a Manchas, pero estoy consciente de que es... una perra. 

 

La rola 

Hablando de perros, les dejo esta de nuestro poeta Alex Lora:

 

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Omar González Zárate

Recuerdos, política y lo que surja.

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