Las Divas de Neón

Foto: Canva

Por María Fernanda Delgado

En la penumbra de la sala se encienden al unísono las luces del escenario. Un resplandor neón y la luz del reflector revelan a una visión, un ser imposible, cuya sola presencia es el espectáculo en sí misma, pero a cada paso se transforma en arte en movimiento. Es una Drag Queen, y a través de su talento para la comedia, el baile, la actuación, o su capacidad mimética para transformarse en una diva, seguramente te dará uno de los shows más inolvidables de tu vida.

Y aunque el drag ahora permea en la cultura pop y a casi todos los estratos sociales, e incluso, para muchos ha sido un fenómeno que ha crecido con una efervescencia excepcional; se trata de un movimiento que, según los entendidos en el tema, ha estado en los escenarios desde la época victoriana, y que otros más osados aseguran, llegó junto con las artes teatrales.

MÁS QUE SÓLO BELLEZA

Si bien, cuando escuchamos el término casi siempre viene a nuestra mente la imagen de una criatura insólita y conceptual, que acompaña sus actuaciones con un derroche de belleza, el drag que conocemos es el resultado de generaciones de resistencia, tradición, e íconos que se atrevieron a innovar y retar al status quo, enriqueciendo con sus historias de lucha y supervivencia; pues muchos de ellos tuvieron el valor de subir al escenario y enamorar al público, enfundados en un traje de lentejuelas y tacones, cuando el precio a pagar era la cárcel.

Por lo anterior es natural que una forma de expresión contestataria y satírica, que se atreve a llevar al extremo temas como el género y la moral, también permaneciera amparada por la clandestinidad y el ostracismo, y, debido a su estrecha relación con la comunidad LGBT+ y sus luchas, también se vio subestimada incluso entre las minorías sociales. 

Sin embargo, gracias a estas características, el drag ha conseguido convertirse en un espacio único de inclusión y experimentación, fungiendo como lienzo perfecto para muchos de los grandes creadores y artistas del último siglo, y dándole un espacio para soñar a miles personas que han quedado prendadas del concepto.

México no ha sido la excepción, y desde hace varias décadas el arte del transformismo y el drag han tomado un lugar neurálgico en la representación de la comunidad LGBT+, convirtiéndose en uno de los países con una de las escenas drag más florecientes del mundo, que, junto a la maravillosa diversidad cultural del país, nos regala propuestas únicas.

Es por eso que desde esta sencilla trinchera, una admiradora de la escena se dispone a la ambiciosa, pero honrosa tarea de documentar el legado de las grandes dragas mexicanas, el brillo de las que iluminan los escenarios y conocer mejor a las nuevas promesas, así como homenajear su cultura y conocer a las pintorescas personas que dan vida a estas oníricas encarnaciones.

¿Me acompañan?

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