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Reseña | 'Mary y Max' llega a cines mexicanos: la joya de stop motion que conmueve al mundo

Escena

A casi 20 años de su estreno, la aclamada joya de animación 'Mary y Max' llega por primera vez a los cines mexicanos en una versión remasterizada y doblada al español. Descubre por qué esta emotiva e imperfecta historia sobre la amistad aún conmueve

'Mary and Max' llega a cines de México. Foto: CineCanibal
'Mary and Max' llega a cines de México. Foto: CineCanibal

Fue en 2009 cuando dos personajes hechos de arcilla conmovieron a miles de personas en algunas regiones del mundo; un hombre de más de 40 años, con una profunda soledad en su vida, se hizo amigo por correspondencia de una infante de 8 años. Ambos compartían algo en común: necesitaban de un refugio, de alguien a quien contarle sus problemas, necesitaban de un amigo.

A casi 20 años de su lanzamiento, 'Mary y Max' sigue siendo una fábula contemporánea que evidenció que, al igual que estos dos personajes, hay millones de personas que necesitan de un verdadero amigo en su día a día. La película, dirigida por Adam Elliot, llega por primera vez a las pantallas de cines mexicanos en una remasterización con doblaje al español.

Una amistad improbable

La película, a años de haberse estrenado, demuestra que sigue siendo una ficción necesaria y, a su vez, demuestra que es un triunfo dentro de la animación. Con una artesanía meticulosa en la construcción de escenarios, personajes y objetos, la historia sigue conmoviendo, y es que la soledad, la ansiedad y demás temas siguen resonando a día de hoy e, incluso, podría decirse que más.

La manera de relatar esta historia a través de una narración de los personajes es uno de los aciertos del filme; con una oralidad de cuento de hadas es que, poco a poco, el espectador va dándose cuenta de las características de cada uno de los protagonistas. Elliot no se detiene y en ningún momento evade responsabilidades dentro de su historia, sino que, al contrario, de manera abierta expone a personas imperfectas, evidenciando que cada persona tiene virtudes, pero también errores.

La manera de poner a Max como un personaje incomprendido, con dificultades y demás, hacen de él alguien que se siente real; el hombretón de casi dos metros de altura y con un sobrepeso demoledor transmite, a través de su voz, un cansancio derivado sí de los kilos de más, pero también de todos los conflictos con los que lidia en su día a día: poder encontrar el amor, un trabajo estable y demás son algunos de los temas con los que Adam intenta conversar con el espectador a través de él.

Al final, Adam no victimiza al personaje, ni mucho menos lo pone en un espacio para dar lástima, sino que, al contrario, lo muestra desde una mirada donde la empatía prevalece y la comprensión se vuelve hasta cierto punto una conversación sobre entender hasta qué punto llegamos a presentar nosotros mismos cada una de estas dificultades. Max no es solamente un personaje que necesita ayuda; también es alguien que tiene algo que ofrecer y cuya manera particular de observar el mundo termina siendo fundamental para Mary. La película encuentra ahí una de sus mayores virtudes: entender que una persona no puede reducirse a sus problemas.

La importancia de tener a alguien

Por otra parte, Mary demuestra la ternura infantil de alguien de 8 años, una niña dispuesta a experimentar, a responder preguntas que hay en su mente, pero también a llenar esa pregunta de “¿Por qué nadie es mi amigo?”. A partir de esto, Elliot, de muy buena forma, da a entender que las amistades no dependen de una edad, un punto geográfico o, incluso, de demás elementos; representando en la amistad de estos dos que un vínculo se forja por compartir momentos íntimos, temores, anhelos y triunfos.

Lo interesante es que esta amistad nunca se siente como una relación perfecta. Mary y Max se equivocan, se lastiman, se alejan y llegan incluso a no comprenderse. Pero precisamente ahí se encuentra la fuerza de su vínculo: Elliot no presenta la amistad como una relación donde dos personas siempre están de acuerdo, sino como un espacio donde existe la posibilidad de conocer al otro, aceptarlo y, eventualmente, perdonarlo.

La correspondencia entre ambos también permite que la película hable de algo que hoy resulta todavía más interesante: la necesidad de conectar con alguien, incluso cuando físicamente estamos separados. Cada carta se convierte en una especie de refugio; en ellas pueden decir cosas que difícilmente podrían expresar frente a otra persona. Y, aunque nunca llegan a compartir durante gran parte de la historia el mismo espacio físico, existe entre ellos una intimidad que muchas personas no logran construir ni siquiera estando juntas.

El humor detrás de la tristeza

Con una exageración hipnótica y precisa, fruto de lo que permite el stop motion, la película se vuelve un festín de irreverencia en algunos momentos; el sentido del humor de Elliot es cínico y por momentos algo discreto, pero cada uno de los chistes sirve para pasar un buen momento lleno de alegría y diversión.

Esta combinación es, quizás, uno de los elementos que hacen que 'Mary y Max' siga funcionando tantos años después. Elliot entiende que hablar de soledad, depresión, ansiedad, rechazo, muerte y otros temas dolorosos no significa que una película tenga que ser permanentemente solemne. El humor aparece como una válvula de escape y, al mismo tiempo, como una manera de acercarnos a personajes que podrían resultar demasiado tristes si solamente fueran observados desde sus desgracias.

Y es justamente el stop motion el que permite que todo esto adquiera una dimensión especial. Los personajes de arcilla podrían parecer simples figuras, pero Elliot los convierte en seres llenos de defectos, gestos, manías y contradicciones. Los escenarios, los objetos y la fotografía de tonos apagados construyen un mundo melancólico que, de vez en cuando, es interrumpido por pequeños detalles de color. La técnica artesanal no solamente sirve para contar la historia: se convierte en parte de aquello que la hace sentirse tan humana.

Una celebración a la amistad

La obra, a años de haberse estrenado, sigue siendo una celebración a la amistad; una demostración de que incluso en el stop motion se pueden contar historias con mensajes necesarios y con temas que son necesarios abordar. Al final, 'Mary y Max' demuestra que las verdaderas amistades no se pierden por el enojo, por la envidia o por los errores de uno mismo; con comprensión, amor y con ganas de formar parte del otro, la amistad puede superar incluso a la muerte.

Pero quizás lo más valioso es que Elliot no convierte esta relación en una historia de superación convencional. No todos los problemas desaparecen, ni la vida de ambos se transforma mágicamente por haber encontrado un amigo. La soledad sigue existiendo, las dificultades permanecen y la vida continúa teniendo momentos dolorosos. Lo que cambia es saber que, en medio de todo ello, existe alguien que nos escucha y que nos permite sentir que no estamos completamente solos.

Con una remasterización que premia el trabajo artesanal de Elliot, a años de haberse estrenado, el metraje sigue siendo un verdadero triunfo cinematográfico. 'Mary y Max' no solamente demuestra las posibilidades que tiene la animación para contar historias dirigidas a un público adulto, sino que también recuerda algo tan sencillo como necesario: que, en ocasiones, una carta, una conversación o simplemente saber que alguien está ahí puede convertirse en el refugio que necesitamos para continuar.

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Sobre el autor

Alejandro Ávila