Reseña ‘Sirat’: Una odisea sónica en el fin del mundo

Reseña de Sirat

Por Alejandro Ávila Peña

“Sirat es el puente entre el paraíso y el infierno” advierte la cinta durante los primeros segundos de iniciar. A través de imágenes contemplativas del desierto de Marruecos, el filme da un inicio vibrante a través de la banda sonora del compositor Kangding Ray. Por unos minutos las imágenes son de gente bailando, una congregación de cientos de personas que están en un trance casi divino a causa de la música. 

Es así que, desde el primer minuto del relato, Oliver Laxe (director de la película) pone sobre la mesa los ejes principales por los que va a transcurrir su obra; una odisea intensa sobre el dolor, la perdida, la vida y la muerte; poniendo como valor esencial del relato, la música de Ray, beats que se adentran en el techno y

‘Sirat’ es un largometraje inquietante, inmersivo y reflexivo que a través de sus dos horas de duración sumerge al espectador en una carretera desértica para reflexionar sobre la vida, su paso en este mundo, y su travesía hacía el paraíso.

Un rave en el desierto

La historia se sitúa en el desierto marroquí, escenario de una caravana errante que parece avanzar hacia el fin de los tiempos. Allí, Luis y su hijo Esteban emprenden la búsqueda de Marina, hija y hermana respectivamente, desaparecida tras asistir a un rave clandestino. En medio de un territorio atravesado por tensiones bélicas y paisajes hostiles, ambos se integran a un grupo de nómadas que persiguen la promesa de un nuevo encuentro musical. Lo que comienza como una misión concreta deriva pronto en una travesía espiritual, donde la frontera entre lo real y lo místico se vuelve cada vez más difusa.

Lo que destaca de la historia es la manera en la que la narrativa muta de lo convencional a lo experimental. Si bien desde el inicio se nos presenta como una travesía de un padre para encontrar a su hija, poco a poco Laxe irá jugando con imágenes más divinas, presentando en ellas a un mundo que está muriendo a causa de una sugerida tercera guerra mundial. 

Lo convencional se abandona, huye de la primera línea y da paso a un relato que se adentra en una metáfora de la vida y la muerte. Oliver con un cuidado preciso delinea personajes humanos, quebrados pero que no pierden la esperanza gracias a su gusto por la música. 

El drama presentado por buscar a la hija no cae en un exceso del mismo; la tensión de la búsqueda se siente y vibra a través de los beats pero, en ningún momento se siente como si este relato romantizara dicho problema. 

El dolor se ve en la expresión de los personajes, en los silencios que estos mismos producen, haciendo que, a pesar de la falta de diálogos, cada uno de ellos puedan ser entrañable e importantes para el espectador. 

Con planos abiertos y bien iluminados, la perdida se manifiesta y refleja lo pequeño que son las personas que atraviesan este desierto en busca de redención. 

sirat

Otro punto destacado del cineasta es que narra la película a través de elementos que no son expliciticos; ya sea la misma banda sonora, lo que se dice en la radio o incluso lo que sucede en la televisión, Laxe a través de todo lo que se ve en pantalla trata de contar la historia y no solo recae el peso del hilo conductor en los personajes. 

 ‘Sirat’ se presenta como una experiencia sensorial que desafía los códigos narrativos tradicionales y apuesta por un cine de contemplación extrema. Filmada en 16 mm, el metraje despliega una imagen de grano palpable y ofrece una iluminación casi bíblica en la que, el desierto, no solo es un escenario, sino que cobra vida como símbolo de redención y salvación. 

Laxe, quien ofrece un cine influenciado por Tarkovski, construye un relato donde privilegia los silencios, los planos prolongados y ciertas referencias visuales por encima de los diálogos extensos entre personajes. Este ritmo puede resultar agotador para aquellos que no disfrutan de un relato bajo esta estructura; pero, lo cierto es que está propuesta narrativa permite que la historia se sienta fresca y otorga al apartado sonoro una importancia narrativa en cada una de las tomas.   

La música como salvación

 La música, compuesta por Kangding Ray, se erige como el verdadero motor emocional del filme. A través de pulsaciones de techno y acid house, la banda sonora articula el relato y convierte la experiencia auditiva en un estado de trance. El título alude al “Sirat”, el puente que separa el infierno del paraíso, metáfora que atraviesa toda la obra y que encuentra en la música su vía de redención.

Si bien la narrativa inicial pone como problemática la búsqueda de un familiar querido, poco a poco, Laxe convierte este viaje en una odisea mística, donde a través de imágenes casi bíblicas evidencia a personajes gastados que encuentran en la música un plano de salvación. 

La forma en la que Laxe retrata el desierto es de primer nivel; el realizador ofrece tomas largas donde las montañas, el polvo y las rocas brillan por lucir vibrantes y de otro mundo; por momentos pareciera que los personajes no se encuentran en un desierto marroquí, sino en un lugar de otro mundo. 

A través de los silencios y de la música, Oliver marca la tensión y la vuelve una experiencia que, pondrá al filo de la butaca al espectador. Los beats resuenan con una elegancia que adentra en el desierto y en el conflicto central; el uso de la banda sonora va más allá de un apartado técnico, es un personaje más dentro de la historia.

Laxe, captura a los raves como un estado de trance divino; la forma en la que enmarca a las personas en este momento sensorial es magnética, evidenciando que para él este estado del cuerpo es una forma de redención, un estado de placer en donde los oprimidos encuentran un refugio ante sus problemas. 

Sirat

 Los camiones de estilo industrial, las prendas sucias y las discapacidades físicas de algunos de los personajes dibujan un relato sombrío de errantes desolados que solo cuentan con el placer de escuchar música. Es así que, a través de ellos, Laxe traza una ruta hacía la salvación partiendo de metáforas visuales y de recursos fílmicos que elevan al filme a cuotas casi celestiales.

Si bien podría decirse que pierde su tema central y se adentra en una historia más filosófica, es de decir que las escenas de tensión ponen al espectador atento a cualquier momento. Al final, Laxe presenta un filme contemplativo y que demanda una exhaustiva atención para no perder mínimo detalle y estar atento a la historia en la que al final se transforma.

Las actuaciones son de primer nivel, destacando el español Sergi López (Luis) y  la española Jade Oukid. El primero refleja la desesperación y la agonía de un padre que ha perdido lo más valioso de su vida; la segunda, encarna a alguien que busca aquello que más ama y lo refleja en la manera en la que mueve su cuerpo a través de las ondas de sonido, mostrando un placer genuino por la música. 

La película se consolida como una propuesta arriesgada y coherente con su apuesta estética.  Sirat es, en definitiva, un filme divisivo y radical, destinado a provocar fascinación o rechazo. El filme se convierte en un caótico y visceral viaje que se adentra en un rave celestial para confrontar a sus protagonistas. Es un viaje sensorial que confirma a Oliver Laxe como un autor dispuesto a llevar al espectador al límite, siempre y cuando esté dispuesto 
 

Síguemos en Google News