¿Llegó el fin de la privacidad financiera?

Foto: Pixabay

Por Moris Beracha

La digitalización del dinero en las últimas dos décadas ha resultado en niveles cada vez menores de privacidad personal, con cada transacción ahora explotada para control político y potencial comercial. 

El dinero electrónico ha existido durante mucho tiempo, pero solo recientemente ha sido posible el análisis de Big Data necesario para llevar a cabo una vigilancia masiva de manera efectiva. 

Ni las compras en línea ni las físicas son seguras, ya que los gobiernos y los anunciantes aprovechan cada vez más los perfiles de las preferencias, decisiones y conexiones de cada individuo. 

Estos perfiles son como huellas de datos, exclusivos de cada persona, y se vuelven más refinados y fácilmente identificables con cada nueva compra. Esto ha llevado a un mundo en el que una búsqueda en Google de un producto puede generar anuncios de Facebook e Instagram para ese mismo producto minutos después.

Dependiendo de la ubicación de la persona, las huellas digitales personales pueden tener repercusiones peligrosas. En el verano de 2019, los estudiantes en Hong Kong se unieron por decenas de miles para protestar contra un nuevo proyecto de ley que permitiría al gobierno chino extraditar a cualquiera a Pekín sin el debido proceso. 

Sabían que, si usaban sus tarjetas Octopus asociadas a la identificación de estudiante para navegar por el sistema de metro, sus ubicaciones serían reveladas, por lo que, en cambio, utilizaron dinero en efectivo para comprar billetes de un solo uso.

Esta es una opción segura por ahora, pero el dinero de papel y metal está en camino de ser eliminado de la mayoría de las principales áreas urbanas durante la próxima década.

En ese punto, no habrá forma de utilizar los sistemas de transporte público sin revelar la ubicación personal de uno a las autoridades y corporaciones. Las huellas digitales estarán en todas partes. La reacción pública al seguimiento corporativo y gubernamental de comportamiento de gasto de los ciudadanos es variada. 

Algunos simplemente lo consideran inquietante, otros lo denuncian como una violación importante de la privacidad, mientras que a la mayoría no parece importarle en absoluto. 

De cualquier manera, el hecho es que más allá de controlar el suministro de dinero y dónde se puede enviar el dinero, las autoridades ahora pueden aprender prácticamente todo sobre compradores y vendedores. Los sistemas de pago cada vez más digitales del mundo podrían llevar a la extinción de la privacidad personal.

Ahora, ¿existe otra forma? Cuatro fenómenos globales -la devaluación de la riqueza personal, la restricción de la transferencia de valor, la centralización financiera y la pérdida de privacidad- representan riesgos importantes para la persona mientras navega por el sistema monetario del siglo XXI. Las personas de todo el mundo sienten la presión mientras los países luchan por mantener el statu quo.

¿Qué pasaría si surgiera un nuevo sistema en el que los gobiernos no tuvieran la capacidad de devaluar arbitrariamente el dinero y las corporaciones sin rostro no pudieran congelar los fondos de los usuarios o negarse a procesar las transacciones? 

¿Qué pasaría si el dinero fuera completamente digital, pudiendo ser utilizado por cualquier persona con acceso a Internet desde cualquier lugar del mundo, sin necesidad de pedir permiso a las autoridades? 

La respuesta a ambas preguntas es que, a raíz de la crisis financiera de 2008, alguien decidió construir exactamente ese sistema, preparando el escenario para la próxima gran revolución financiera: el Bitcoin.

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