Por María Teresa López Rosales

La maternidad del siglo XXI es un espacio simbólico social y político. El Día de las Madres es sólo la punta del iceberg de un fondo de ideologías (a veces erróneas) y cultura (muchas veces injusta) que representa a las nuevas mamás. Las primeras mamás.

Las madres de esta centuria han sido las primeras en enfrentarse a contextos que antes eran impensables. Una mujer profesionista que posterga la maternidad después de los 35 años años, era inimaginable para las mujeres del siglo XX. Hoy la tendencia es que las mujeres tengan hijos rozando los 40 años.

Son las primeras madres que se han cuestionado si deberían o no congelar sus óvulos, porque planean una carrera profesional. Son las que van a considerar trabajar para una empresa que les ofrezca, en sus prestaciones, facilidades para tomar un tratamiento de Fertilización In Vitro (Facebook, Apple y Google ya lo hacen).

Son las primeras en hablar en Twitter y la televisión sobre los abortos espontáneos y el proceso de FIV. La ex primera dama de EU, Michelle Obama, abrió la conversación en 2018. En su libro Becoming, compartía que tuvo un aborto y que recurrió a la Fecundación In Vitro para concebir a sus dos hijas, Malia y Sasha.

Hay madres youtubers que comparten su diario de infertilidad y cómo sobrellevaron el proceso. Hay mamás influencers que hacen memes y que expresan el lado oscuro de la maternidad a través de su página en Facebook, como “Maternidarks”.

Las madres en esta era muchas veces han optado por tener bebés con óvulos donados. Son las primeras en tener hijos con otras mujeres y en hablarlo públicamente. El caso reciente de la cantante mexicana, Joy, es un ejemplo.

Son las primeras mamás que estaban viendo el estreno de Roma en Netflix cuando se dieron cuenta que estaban embarazadas. Las nuevas madres estudiaron lo mismo o algunos grados más que sus parejas. En el escenario más positivo, ganan un sueldo competitivo.

Y por otro lado, hay cosas que no cambian. Hay muchas mujeres que se convirtieron en madres, gracias a un tratamiento de reproducción asistida, pero que fueron estigmatizadas en el proceso.

Las mamás del siglo XXI han crecido todavía con la idea de que “no eres suficientemente mujer si no eres mamá”. Todavía hay mujeres que se sienten culpables y pierden su identidad si no son madres. Y ni hablar de las que deciden no tener hijos. Son las primeras a las que les toca reivindicar la no-maternidad.

Así como hay contextos que han avanzado, hay otros que cada vez se agudizan más. Durante 2017, el INEGI registró en México a 390 mil 89 mujeres que fueron madres antes de los 20 años, entre éstas, 9 mil 748 eran menores de 15 años, y 380 mil 341 tenían entre 15 y 19 años.

En mayo de 2018 se supo del caso de Pilar, de 15 años, en Puebla. Su embarazo fue resultado del abuso sexual que sufrió por parte de su tío. Con 10 semanas de embarazo, Pilar interpuso una denuncia penal para interrumpir el embarazo.

Las autoridades le negaron la solicitud argumentando que el aborto no era legal en esa entidad. Le dijeron que si intentaba hacerlo en la Ciudad de México, el juez la cuestionaría.

A pesar de las amenazas, Pilar acudió a la CDMX y, con la asesoría del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), accedió a la interrupción legal del embarazo (ILE).

La única entidad en México que permite el aborto por voluntad de la mujer hasta las 12 semanas de gestación, es la Ciudad de México. En el resto de los estados sólo se puede acceder al aborto en casos de violación o por ciertas causales, como alteraciones graves en el producto o riesgo a la salud.

La violencia obstétrica sigue ocurriendo para las nuevas mamás. La muerte materna todavía afecta a 857 mujeres al año, según datos de GIRE.

Hay avances, hay retrocesos y hay aspectos que perduran en el tiempo: el amor puro y la voluntad inquebrantable de una madre.

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María Teresa López Rosales


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