El rey espurio

Por David Jáuregui

El rey espurio perdió su corona. La buscaba desesperado, como si su historia, riqueza y desarrollo existieran solo porque esta existía. Pero la corona resistía, no se dejaba encontrar. Prefería ausentarse que someterse a un dominio inmerecido. 

—¿Por qué esta corona me mantiene en el pedestal de la ignominia? ¿Por qué insiste en tacharme de ilegítimo? —se preguntaba el rey espurio, iracundo, mientras recorría las calles raídas de su territorio. 

Encontrose a sus guardias preferidos y les repitió el cuestionamiento. Ellos contestaron, lamebotas como siempre, que la corona era tan boba que no lo consideraba el mejor gobernante. O peor, tan corrupta que nunca lo reconocería. 

Esa explicación no satisfizo al monarca, por lo que siguió andando, circunspecto y cabizbajo. Agachaba la mirada frente a la gente molesta, o de plano se detenía a arrancar los pergaminos que le gritaban ¡espurio!

Cavilando sobre la razón de aquellas injurias, se topó con una de las sabias brujas instaladas en el pueblo. Aunque llevaba unos meses separada de su labor como su consejera, saludó al rey con respeto y le preguntó si algo se le ofrecía. 

—Oh, noble heredera del conocimiento del bosque, admito haberme equivocado cuando la destituí de mi corte. Le ofrezco disculpas y, si las recibe, humildemente le ruego consulte a sus aliados sobrenaturales: ¿me compartiría alguna pista para hallar mi corona? 

—Su duda, oh cuestionado líder, la resolverá cuando comprenda que, para encontrar cualquier cosa, resulta menester investigar cómo la perdió.  https://ipstori.com/munchip/67

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