Treinta años de Spawn

Foto: mcfarlane.com

Por Francisco X. López

Los años 90 fueron una época de excesos, de récords de ventas y de una transformación del medio y del mercado, pero, siendo sinceros, si hay que señalar un cómic, un personaje que represente en su totalidad a esa década, difícilmente podríamos nombrar a otro que no sea Spawn. 

Todd McFarlane estaba en la cima del éxito y la popularidad, su nombre era sinónimo de ventas y esto le hizo replantearse su situación como dibujante bajo contrato. Podía ganar mucho en el papel, pero, en su opinión, sólo recibía migajas de los millones que generaba su trabajo, su arte. Primero obtuvo lo que muchos sueñan, tener su propia serie, escrita y dibujada con control creativo sobre uno de los personajes más populares, Spider-Man. Sin embargo, cuando se unió al grupo de disidentes que dejarían Marvel para crear Image Comics, se dio cuenta que debía dejar de pensar como un creativo y convertirse en empresario. 

La expectativa era enorme y garantizaba el éxito inicial. Fue la historia más grande en el mundo de los cómics. Era lo que discutían los profesionales, era todo lo que los periodistas buscaban escribir y era todo de lo que los fanáticos hablaban. Todo el mundo quería comprar los primeros números de Spawn, era inevitable. Spawn #1, un cómic independiente con un personaje propiedad de su creador, vendió más de un millón de copias. 1,7 millones, contando variantes y reimpresiones. La maquinaria se puso en marcha lanzando juguetes, series animadas y películas en poco tiempo. Algo que no se veía desde Las Tortugas Ninja. 

El teniente coronel Albert “Al” Simmons, era un asesino de la CIA altamente entrenado, que fue asesinado por su jefe y antiguo amigo, Chapel. Cuando Simmons vendió su alma a Malebolgia para regresar a este mundo y volver a ver a su esposa, descubrió que obtuvo más de lo que esperaba. Malebolgia usó a Al como el engendro renacido, o Hellspawn, para cumplir sus órdenes. 

McFarlane mostró un lado oscuro que solo había insinuado en Spider-Man. Tenía grandes influencias y no dudo en usarlas. El inicio era una descompresión al estilo Frank Miller, hay una página con una cuadrícula de nueve paneles como las de Alan Moore, otras páginas rinden homenaje a Jack Kirby, Steve Ditko y Jim Steranko. La presentación termina con una página doble, e incluso hay un cartel “desprendible” en el centro del cómic.

Las imágenes de McFarlane eran de vanguardia, impactantes, dinámicas y de ritmo rápido, pero fluidas y caricaturescas. Sus diseños desordenados y serpenteantes no conocían la sutileza, se olvidó de las convenciones formales de figura y perspectiva, alterando el ritmo de la historia, pero había algo en ellas que te hacía querer mirarlas. 

Como escritor dejaba mucho que desear y el monólogo interno de Spawn era forzado y monótono. Esto lo llevó a reclutar a escritores de alto perfil como Alan Moore, Neil Gaiman, Dave Sim y Frank Miller, lo cual tuvo repercusiones en la industria durante años. 

Moore regresó a los superhéroes, Gaiman enfrenta a McFarlane por los derechos sus personajes, Sim consiguió que el público comenzara a buscar cómics independientes y Miller contribuyó a llevar Spawn a las grandes ligas enfrentándolo a Batman. 

En ese punto, dejó de dibujar y escribir, dejando el personaje en manos de otros y buscando maneras de comercializar su propia marca. 

Actualmente, Spawn es el personaje más exitoso creado en los últimos 30 años, con una serie que alcanza los 320 números publicados y que ha generado su propio universo, con series como Sam & Twitch, Medieval Spawn, Haunt, Gunslinger, Scorched Violator, entre otras. Sus números de ventas son constante y se han incrementado en meses recientes. 

Así fue como la idea de un adolescente obsesionado con los superhéroes se convirtió en una empresa multimillonaria y, de paso, confirmó que los Estados Unidos realmente son la tierra de las oportunidades. 
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