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Foto: Flickr de Amanda Tipton CC [CC BY-NC-SA 2.0]
Foto: Flickr de Amanda Tipton CC [CC BY-NC-SA 2.0]

A Fanny le gusta viajar, y cada vez que puede, compra boletos de autobús o de avión y se escapa a la playa. Un día, esperando su vuelo de regreso a casa, extrañamente agotada a pesar de haber pasado muchas horas acostada frente al mar bebiendo piñas coladas, Fanny se pregunta por qué le gusta viajar. No se engaña pensando que es el descanso, porque también puede descansar en su casa. Tampoco podría decirse que la motiva conocer el mundo, porque a menudo visita regresa a los mismos lugares.

Cuando está de viaje, Fanny siente que está en una pausa de sus obligaciones, las que logra cumplir responsablemente como el trabajo y la lavandería, y las que le pesan porque llevan en su lista de tareas años, como organizar sus finanzas y pintar un cuadro por semana. Fanny se da cuenta de que hay muchas cosas que quiere hacer y no hace, y cada una de ellas le molesta como piedra en el zapato, menos durante los viajes, porque se da permiso de no pensar en nada cuando está bronceándose en un camastro.

A todos nos ha pasado un poco como a Fanny: cosas importantes para nosotros que siguen pendientes. Y esta incongruencia entre lo que queremos hacer y lo que verdaderamente hacemos nos hace sentir pesados o incompletos.

Yo quiero ponerme crema en la noche, pero a menudo me da flojera y no lo hago. Esa incongruencia me pesa solamente durante un minuto por las noches. Es el único momento en que me acuerdo de ella. Pero hay otras incongruencias que pesan mucho, porque son parte de mi identidad. No es posible ignorarlas del todo, sin resignarme a aceptar que soy menos de lo que quiero ser. Por ejemplo, me considero una escritora, y los días que no escribo siento que han sido un desperdicio.

En este artículo te contaré el secreto para acabar con las incongruencias más pesadas de tu vida. Pero antes, te invito a suscribirte a mi lista de envío, ¡es gratis y con ella no volverás a perderte ninguna de mis publicaciones! Al registrarte llegarán automáticamente a tu bandeja de entrada de correo mis artículos nuevos y alguna que otra sorpresa de vez en cuando. Puedes darte de baja cuando lo desees. Así que vamos, ¡a darle clic!

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Volvamos al caso de Fanny. Ella tiene dos grandes incongruencias en su vida. Cuando toma un avión, está huyendo del desorden en su casa, su tiempo y sus finanzas. La situación en su hogar es bastante mala porque tiene tanto desorden en casa que le da pena recibir visitas, desperdicia el tiempo y no puede pintar, y tiene tanto desorden en sus finanzas que se truena los dedos a fin de mes para tratar de no usar la tarjeta de crédito. Ya ha intentado ordenar su vida varias veces. Se esfuerza unos días pero luego todo vuelve a ser igual.

Fanny no está sola. La mayoría de las personas no logra liberarse del desorden. ¿Cómo lo sé? Las estadísticas lo confirman. Un estudio de imágenes cerebrales de la Universidad de Tokio mostró “parálisis de decisión” en el 73% de las personas crónicamente desorganizadas. No es un problema de disciplina, sino patrones neuronales desorganizados, un cerebro que intenta decidir pero está saturado por demasiadas opciones.

Focos rojos

Un día, Fanny pierde su cartera. No la encuentra en su casa ni en la oficina. Tampoco encuentra sus contratos y, viéndolo bien, no está muy segura de cuántas cuentas tiene ni en qué bancos. Se siente humillada cuando tiene que llamar a cinco bancos distintos para preguntar si tiene cuenta con ellos. Todos tenemos un tablero de control en el cerebro, el foco rojo de alarma solo se enciende cuando vivimos algo que no estamos dispuestos a tolerar.

Perder la cartera ha sido el momento en que Fanny escucha alarmas: ya no está dispuesta a seguir así. ¿Tú has tenido momentos así? Quizás te pasó cuando una escena de celos de tu pareja te hizo concluir que la relación es tóxica y no deben seguir juntos. O tal vez una grosería de tu jefe fue la gota que derramó el vaso, y al día siguiente renunciaste a ese trabajo. Las alarmas se encienden cuando nos damos cuenta que estamos permitiendo un abuso, ya sea de otros o de nosotros mismos.

Acción #1 Antes de tocar fondo

A veces no es necesario que pase algo horrible, como le pasó a Fanny, para detener un abuso a nosotros mismos. A veces podemos encender las alarmas y motivarnos a ser diferentes después de un proceso de autorreflexión.

Puedes hacer una lista de aquellas cosas que quieres cambiar en tu vida o que te producen ansiedad, y anotar cuál sería el peor resultado posible si nunca las cambias. Visualiza este escenario negativo con la mayor exactitud posible. Subraya uno o dos de los peores escenarios de tu lista y ahora visualiza lo contrario: ¿Qué hace todos los días la clase de persona que no terminará viviendo eso? ¿Qué identidad tiene? Fanny se imagina en una casa ordenada, sin deudas, libre para pintar una hora al día. El tipo de persona con esa vida es una persona ordenada y disciplinada. Ahora solo falta que Fanny entienda cuál es el proceso para obtener lo que ha visualizado.

Terapia cognitivo-conductual

Muchos de mis clientes de asesorías financieras han tocado fondo en algún aspecto financiero, y quieren un cambio. Pero ese cambio no es inmediato, y no puedo dárselos yo. Mi papel es ser una guía, y darles pequeñas tareas concretas que puedan ir realizando. Entonces les pido que registren sus ingresos y egresos, y que investiguen los instrumentos financieros que ya tienen. Muchos se atoran aquí porque no tienen el hábito de registrar sus gastos. Algunos se rinden.

Las personas que tienen problemas para implementar cambios se benefician con micro-intervenciones. Realizar acciones diarias de cinco minutos es suficiente para crear nuevos caminos neuronales.

Es algo que he experimentado personalmente. Ser una escritora siempre ha sido mi sueño, pero hace un par de años no estaba escribiendo todos los días. De hecho, parecía que cada vez escribía menos. Creía que para hacer un buen trabajo, necesitaba dedicarme unas ocho horas diarias a la escritura, o al menos apartar una hora completa al día. Soñaba con un retiro para escritores donde pudiera esconderme en una cabaña sin salir hasta terminar una novela.

Hasta que me topé con un libro que me daba permiso para tener la identidad de escritora aunque solo lograra escribir 20 minutos diarios. Empecé a hacerlo, y en poco tiempo me di cuenta de que ya tenía un libro terminado. A veces no encontraba más que un par de periodos cortos de 10 minutos aquí y allá. Pero eso era suficiente para escribir y sentir que mi día había sido provechoso, que estaba acercándome, poco a poco, al tipo de persona que quiero ser.

Acción #2 Micro-acciones diarias

Puedes usar un cuaderno, como te mostraré más adelante, y apoyarte con alarmas en tu teléfono para que te recuerden que es momento de dedicarle 5 o 10 minutos a una tarea pequeña que te acercará a tu meta. Fanny decidió arreglar su desorden en casa primero. Entonces se puso un recordatorio por las tardes: “Guarda tres objetos que veas ahora mismo”. Le tomó 90 segundos y listo. Poco a poco, entrenó su cerebro para cumplir un micro-compromiso sin pensarlo demasiado y sin abrumarse por los cientos de objetos que aún estaban fuera de lugar. Eran pequeñas victorias repetidas una y otra vez. Fanny empezó a programar alarmas diarias para recordar retos pequeños: “Limpia la barra de tu cocina”, “Archiva tres documentos”, “Borra tres correos viejos”, “Guarda cinco prendas de ropa”.

Aunque estas pequeñas acciones no cambiaron el desorden de inmediato, su cerebro dejó de paralizarse ante el desorden, sin saber por dónde empezar. Cuando estuvo satisfecha con el orden de su casa, Fanny se sintió lista para atacar el desorden de su vida financiera. Programó nuevos recordatorios: “Registra tus gastos de hoy”, “Llama a la aseguradora para cotizar un seguro de auto”, “Lee un artículo sobre inversiones”. Todos los domingos programaba los recordatorios de actividades para la semana siguiente. En la cuarta semana el cerebro de Fanny ya realizaba tareas pequeñas sin esfuerzo, de manera automática. A tu cerebro le pasará lo mismo.

Acción #3 La libreta de tareas escolares

Yo recomiendo apoyar los recordatorios con una libreta de tareas escolares, por tres razones:

  1. A veces el recordatorio sonará en un momento donde te es imposible realizar la tarea que se indica, y corres el riesgo de olvidarte de ella si la pospones.
  2. Es importante registrar los éxitos y las caídas. Si no registras tus logros, no sentirás el placer que da progresar, y entonces es más probable que dejes el proyecto.
  3. La libreta de tareas escolares te da la flexibilidad que necesitas para recuperarte de aquellos días en que simplemente no has logrado lo que te propusiste.

Me gusta la libreta de tareas escolares, porque tiene dos columnas por día, una estrecha y una amplia, y una sección al final de cada semana para observaciones, como verás en la siguiente imagen: 

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En la columna estrecha de cada día anoto las cosas que debo hacer diario sin falta: mis páginas matutinas, escribir y leer. En la columna ancha anoto las citas, pendientes y metas del día. En la sección de observaciones pongo las cosas que quiero hacer en la semana pero todavía no sé qué día podré realizar.

Esto le da flexibilidad a mi agenda. Sé lo que tengo que hacer, pero no estoy obligada a realizarlo un día en particular. Si se me complicó hacer la actividad esa semana, le anoto una “P” de pendiente, y la traslado a la sección de observaciones de la siguiente semana. En la página en blanco al final de la libreta pongo actividades del trimestre, semestre o año, para no olvidarme de ellas, tales como mi limpieza dental anual u organizar un retiro con amigas. A continuación te muestro una semana en mi libreta:

cuaderno
 

La libreta me recuerda que cada día hay tres actividades obligatorias de al menos cinco minutos, y obtengo placer al colocar las palomitas junto a cada actividad cumplida al final de cada día. Incluso en un día caótico, siento que he logrado algo si todas las palomitas están en su lugar. A veces hago las cosas de prisa por la noche para no fallar: 10 minutos de escribir, 5 minutos de leer. Pero cumplo porque se siente bien y porque al hacer algo todos los días, aunque sea por poco tiempo, le estoy enseñando una valiosa lección a mi cerebro: soy una escritora que escribe y que lee, soy una persona que encuentra un tiempo para ser ella misma, a pesar de que la vida se complique.

Acción #4 Lo importante es el proceso

El sistema funciona sobre todo porque dejé de enfocarme en el resultado final: un libro de cuento, un libro completo leído, que son cosas que no puedo completar en un día y que son tan grandes que me hacen sentir ansiedad. Empecé a enfocarme en mini-acciones diarias que fueron cambiando poco a poco mi patrón neuronal. Este método lo empecé en octubre de 2024. Con el tiempo noté que ya no necesitaba tanto el cuaderno: leer y escribir se volvió como respirar, y más que un esfuerzo, estas actividades se sienten ahora como parte natural de mi día.

Mi compromiso es de lunes a viernes. Si fallo un día, compenso otro día de fin de semana. Si por alguna razón fallo muchos días, vuelvo a comenzar. Con este sistema siempre hay nuevos comienzos, y nunca derrotas permanentes.

Si quieres iniciar nuevos hábitos, recomiendo empezar por el orden en casa y en tu dinero. A continuación, te proporciono una lista de micro-acciones financieras que puedes realizar diariamente, semanalmente, mensualmente o anualmente.

Diariamente

  • Registra tus gastos del día.
  • Lee 5 minutos algún contenido de educación financiera.
  • Cocina o prepara lunch en vez de comprar comida hecha.
  • Dedica 5 minutos a investigar un producto financiero que ya tienes.
  • Dedica 5 minutos para anotar tus objetivos personales y cómo se relacionan con tus metas financieras.

Semanalmente

  • Suma tus gastos de la semana
  • Encuentra una forma de bajar tus gastos.
  • Abre tu cuenta en CetesDirecto, una casa de bolsa o una Sofipo.
  • Dedica 15 minutos a pensar en tus objetivos personales y cómo se relacionan con tus metas financieras.

Mensualmente

  • Suma tus gastos del mes.
  • Clasifica tus gastos del mes de acuerdo con categorías y calcula qué porcentaje representa cada una.
  • Transfiere los ahorros del mes a alguna de tus cuentas de inversión o ahorro, de acuerdo con tus metas.
  • Haz una cita con tu dinero.
  • Calcula qué tan cerca lograrás tus metas con el índice de ahorro actual.

Anualmente

La tiranía de las pequeñas decisiones

A veces creemos que para que la vida cambie, es necesario que suceda algo grande. Y sí, a veces las cosas grandes lo cambian todo. Sin embargo, la mayor parte del tiempo la vida se construye con pequeños detalles que se van acumulando hasta que conforman algo grande. Las pequeñas acciones y decisiones de cada día, que pueden parecer insignificantes, crean un efecto acumulativo para bien y para mal.

Puedes subir de peso una mordida a la vez, y también puedes cuidar tu salud una visita al gimnasio a la vez. Puedes endeudarte una mala compra a la vez, o puedes salir de deudas un día de trabajo a la vez. Sobre todo en las finanzas, una mala trayectoria puede tener impactos negativos en todas las demás áreas de tu vida: tu salud, tu familia, tu trabajo, tu libertad. Pero igualmente, unos cuantos minutos al día repetidos durante semanas, meses y años pueden cambiar tu destino de forma radical.

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¡Nos vemos el próximo mes!

Con emoción,

Edith

 

 

 

 

Sobre el autor

Edith Esquivel
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